Eso del HDR

Wolfgangsee

A poco que uno curiosee por el mundo de la fotografía digital, se encuentra con estas siglas que últimamente parecen haberse puesto de moda. HDR es el acrónimo de High Dinamic Range, o Alto Rango Dinámico. Se trata de una técnica fotográfica que persigue imitar el comportamiento de nuestros ojos, que se adaptan automáticamente para captar zonas con altas luces y grandes sombras. Una cámara de fotos no tiene la capacidad de adaptarse a los cambios de luz que consigue el equipo ojos/cerebro, y esta carencia se intenta solucionar en el post-procesado. Mediante HDR, se consigue una imagen en la que hay detalles tanto en las sombras como en las zonas quemadas. Todo ello da como resultado una fotografía final, por lo general, irreal y extraña. Sobre todo porque gracias al fácil acceso a herramientas informáticas que automatizan el proceso, es tentador experimentar y acabar abusando del efecto.

Las imágenes HDR no son más que, desde mi punto de vista, el resultado de automatizar y llevar al extremo el procesado por zonas de una fotografía. Es una tarea habitual procesar por separado la tierra y el cielo en un paisaje, por ejemplo. Con una herramienta de procesado HDR nos ahorramos el trabajo de selecionar, crear máscaras, capas, etcétera. Un programa se encarga de hacerlo todo por nosotros, y tan sólo tenemos que decidir la intensidad del efecto, saturación…

Al final, pasa como con cualquier herramienta: usada con cabeza y mesura, puede dar resultados interesantes. Si se abusa, en cambio, se consiguen imágenes que me parecen -con excepciones- espantosas, por irreales, por excesivamente llamativas, por acercarse más a la ilustración o al cómic que a la escena original. En este artículo explicaré paso a paso cómo he procesado la fotografía que encabeza estas líneas; no quiere decir eso que sea un ejemplo a seguir, ni que sea la mejor forma de hacerlo; se trata, sencillamente, de compartir mi forma de trabajar (experimentar, más bien) con imágenes HDR. Las críticas y sugerencias serán, como siempre, bienvenidas en los comentarios.

Comencemos por el principio. Para obtener una imagen HDR hay que partir de tres fotografías distintas de la misma escena, pero con diferentes niveles de exposición. Esto es: misma velocidad de obturación, misma apertura, mismo enfoque y encuadre, pero una de ellas deberá tener una exposición normal, otra un punto o dos por debajo (más oscura) y otra un punto o dos por encima (más clara o quemada). Las cámaras que permiten horquillado o bracketing siempre facilitan esta tarea.

Hay dos formas de obtener estas tres imágenes -una vez que tenemos claro cómo variar la exposición en nuestra cámara-, dependiendo de nuestras posibilidades y condiciones:

– El método normal para conseguirlo es utilizar un trípode, y disparar tres veces consecutivas con las variaciones de exposición comentadas anteriormente. En caso de contar con luz suficiente, se puede intentar incluso prescindir del trípode; eso sí, habrá que utilizar el modo de ráfaga para que las variaciones de encuadre entre una toma y otra sean mínimas.

– Si nuestra cámara permite almacenar las imágenes en formato RAW (esto es: guardar en un fichero toda la información sin procesar que recibe el sensor) se pueden generar las tres imágenes necesarias -no conviene forzar las diferencias de exposición más de un punto, eso sí- a partir de un único disparo. Muy práctico si no se dispone de trípode, o si el motivo a fotografiar tiene elementos que varíen muy rápidamente: vehículos o personas en movimiento, olas en una escena marina, etcétera.

En el ejemplo que nos ocupa, partí del peor escenario posible: tres fotografías disparadas a pulso, y en formato JPEG. Al intentar el proceso de generar una imagen HDR, las pequeñas diferencias de encuadre entre una y otra arruinaban el resultado al mostrar falsas sombras y bordes difusos. Por ello, el primer paso fue enderezar y mover las fotografías para que tuviesen un encuadre idéntico. Para ello, me ayudé de Photoshop y trabajé con tres capas jugando con las transparencias de las mismas.

Una vez solucionado este inconveniente, obtuve las tres fotografías que se muestran a continuación. La primera es la imagen “normal”, la siguiente está un punto subexpuesta, y la última un punto sobreexpuesta. La idea es conseguir el detalle de las luces intermedias de la primera imagen, el detalle en el cielo de la segunda, y el detalle en los árboles de la última.

imagen normal

imagen subexpuesta

imagen sobreexpuesta

Para generar la imagen HDR existen muchas herramientas disponibles. Photoshop mismo nos ofrece la posibilidad, aunque nunca he conseguido resultados satisfactorios (por desconocimiento mío, no por limitaciones del programa, se entiende). Personalmente, por facilidad de uso y calidad aceptable de los resultados, me gusta trabajar con Photomatix Pro, disponible tanto en plataforma PC como en Mac.

El proceso es sencillo: en Photomatix selecciono la opción Generar del menú HDR. A continuación, selecciono las tres fotografías con las que quiero trabajar, y el programa muestra una serie de pantallas de confirmación en las que se pueden especificar las variaciones de exposición, si es necesario alinear las imágenes (yo ya lo hice previamente en Photoshop), si se desean reducir los efectos producidos por elementos en movimiento (olas, por ejemplo, por lo que es recomendable en este caso), ajustes del perfil de color, etcétera. En caso de duda, la opción por defecto estará bien. Ya habrá tiempo de investigar.

Photomatix ejectuta su algoritmo con los parámetros que le hayamos proporcionado, y al cabo de unos instantes nos “muestra” en pantalla el resultado (véase la imagen bajo este párrafo). Lo de mostrar es una forma de hablar. La imagen HDR contiene para cada píxel de la fotografía un valor de 32 bits, necesario para representar el amplísimo rango dinámico conseguido. Este rango supera con creces las posibilidades de nuestro monitor, por lo que necesitamos aplicar a la imagen obtenida un proceso de conversión que nos permita representar e imprimir el resultado tal y como nos gustaría verlo; esto es, de la información contenida en la fotografía HDR queremos obtener para cada píxel un valor reproducible por nuestra pantalla o impresora, y que muestre además lo que más nos interese: si el punto está en una zona oscura, nos interesa representar un valor más luminoso, y al revés. Todo ello se consigue en Photomatix con la opción Tone Mapping.

resultado en HDR

Accediendo a esta herramienta del menú HDR, generaremos a nuestro gusto una fotografía de 8 ó 16 bits a partir del HDR de 32 bits conseguido. Su funcionamiento es sencillo, y divertido: se trata de jugar con una serie de deslizadores para ajustar el resultado a nuestros gustos. Es aquí donde entra en juego la vertiente más subjetiva del proceso.

Existen dos maneras de realizar la conversión en Photomatix: comprimiendo los tonos o potenciando los detalles. Yo acostumbro a probar siempre con ésta última. Y en ese caso, los parámetros principales de los que ocuparse son: la potencia o fuerza del efecto, la saturación del color, la luminosidad, el nivel de difuminado de las luces, de los ajustes de blancos y negros y el gamma. No hay ninguna fórmula mágica. Tampoco sé si hay alguna fórmula técnica. Lo mejor es ir probando, porque depende mucho de la fotografía en cuestión y del resultado que queramos obtener.

Por ejemplo, la siguiente imagen muestra los ajustes que consiguen el tipo de resultado que no me gusta: colores muy saturados, efecto demasiado exagerado, y un aspecto excesivamente irreal. Cuestión de gustos.

Una foto HDR demasiado irreal

Mis preferencias se inclinan por resultados más sobrios. Generalmente utilizo valores de entre 75% y 100% para la potencia, 50% o menos de saturación, el máximo de difuminado de luces, y uno o dos puntos negativos para la luminosidad. Me gusta que el resultado tienda a mostrar colores poco saturados y un poco más oscuros de lo esperado. Respecto a los ajustes de blancos, negros y gamma, me guío por el histograma mostrado, de tal forma que se ocupe totalmente sin perder información en los extremos. Para la fotografía de este ejemplo, estos son los valores que he elegido:

Mis ajustes para este HDR

Guardo el resultado siempre como una imagen de 16 bits (forrmato TIFF), ya reproducible sin problemas en la pantalla del ordenador. Éste es el resultado final con Photomatix tras los ajustes anteriores:

Resultado final en Photomatix

Finalmente, unos pequeños ajustes de niveles en Photoshop (que siempre es mas flexible y fiable) concluyen el procesado de esta fotografía, obteniendo la imagen que encabeza este artículo. Obviamente no se trata de una fotografía excesivamente realista, pero el impacto visual es mucho mayor, y la escena da más juego del esperado inicialmente. No es una técnica de la que me guste abusar (prefiero los resultados producidos por el tradicional procesado por zonas manual) pero puntualmente puede ofrecer resultados sorprendentes.

Y siempre es divertido experimentar, además.

Seguiremos fotografiando.

Artículo sobre HDR en la Wikipedia
Imágenes HDR en flickr
Mis experimentos con HDR

La venganza del Betamax

Escuchando: Blue Movie (Sneaker Pimps)

Enhorabuena a los premiados. En la lucha de formatos de alta definición (la disputa por el trono del DVD) ya hay ganador: Toshiba abandona el desarrollo de HD DVD y le deja vía libre a Sony y a su Blu-Ray.

Pensaba que la lucha iba a ser más larga, pero al final los estudios se han pasado en manada al bando de Sony, el golpe de efecto de incluir un reproductor en su PS3 ha surtido efecto, y las medidas desesperadas de Toshiba (bajada brutal de precios) no han podido evitar su batacazo.

Ahora, el que quiera comprarse un caro reproductor de alta definición para disfrutar de las películas que ya empiezan a venderse de forma -más o menos- habitual en ese formato, podrán hacerlo. O quizás convenga esperar: ya sabemos cúal va a ser el formato de discos que se convertirá en estándar de la industria, pero… ¿realmente el futuro pasa por utilizar discos? ¿se impondrá el modelo de descargas, aunque su alta definición no sea tan alta? ¿o quizás, viendo la velocidad a la que baja el precio de las tarjetas de memoria, un frágil y voluminoso -por comparación- disco no sea la mejor idea?

Todo esto, y mucho más, próximamente en sus pantallas.

Cuaderno de viaje (II)

Escuchando: Open book (The Rakes)

El regreso de estos días de vacaciones ha sido, como era de esperar, duro y muy frío. Ésto último es culpa de la caldera de casa, que ha decidido jubilarse de forma unilateral. Esperemos que no se alargue mucho el proceso de sustitución por una nueva: mendigar duchas ajenas es poco práctico, y el agua fría no ayuda a empezar el día con buen humor.

Las vacaciones bien, gracias. Estos días he estado alejado del ordenador, del correo, y de esta página. Y la verdad: no lo he echado mucho en falta. Eso sí, he seguido anotando mi diario, ideas sueltas, anécdotas y recomendaciones en una Moleskine que ya nos acompañó a Irlanda. Las páginas que entonces quedaron en blanco contienen ahora unas pequeñas e informales memorias del viaje a Córdoba. Ahí quedan, para los más curiosos.

Como siempre, seguiremos informando.

[Fotografía por Dordoka.]

La mesa del puzzle

Escuchando: Trains (Marlango)

Cuando terminamos el puzzle, estuvimos pensando en comenzar otro. Pero no; pasados unos días en los que la desnudez de la mesa era una provocación a todos los trastos apilándose en el resto de la casa, su superficie acabó con una finalidad muy distinta.

La mesa del puzzle se convirtió en el centro de operaciones de una pequeña escapada a Córdoba que empieza mañana. Todo está ya preparado: el plano con nuestro hostal localizado, el folleto de los baños árabes donde ya tenemos cita para el domingo, los billetes de tren, la tarjeta del AVE, una guía prestada, otra cedida cortesmente por la biblioteca de la universidad, la información que amablemente nos enviaron desde la Oficina de Turismo cordobesa, una Moleskine para tomar notas… ya sólo falta preparar la cámara, hacer la maleta, y acostarse pronto: mañana a las siete de la mañana tenemos que estar sentados en un tren (una más que agradable forma de viajar).

Desde mañana hasta el próximo lunes estaré felizmente desaparecido. Que ya tocaba.

Seguiremos informando.

PD: Y sí, salimos de viaje mañana, pero la elección del día vino impuesta por motivos tan poco románticos como “los billetes eran más baratos“. Aprovecho para felicitar a El Corte Inglés, por si mañana se me olvida.

Hola, soy Coco y antes era un cuadrúpedo

Escuchando: Making mistakes (Joseph Arthur)

Siento estar tan monotemático últimamente, pero es que me lo ponen a huevo. Hoy vamos a aprender la diferencia entre izquierda y derecha. La derecha es la de la cuchara; y la del cuchillo. La izquierda es la del tenedor.

De derecha a izquierda, Salgado, Gorostiaga y Del Olmo. Con éste último se podría hacer un comentario jocoso acerca de la casualidad o intención de que esas nubes parezcan emitidas de su brillante (en algunos aspectos) cabeza. Pero me quedo mejor con esta frase de sus declaraciones:

Por su parte, el consejero de Industria recordó que hace cuatro años el PCTCAN era “un huerto, un letrero y un cuadrúpedo” y cuatro años después tiene una superficie de 237.000 metros cuadrados, con más de 110.000 construidos, y crecerá en otros 90.000.

Si el consejero dice que el Parque Científico y Tecnólogico de Cantabria hace cuatro años era un cuadrúpedo (¿un cuadrúpedo?), a pies juntillas nos lo creeremos. ¿Quienes somos nosotros para dudar de su siempre sapientísima palabra?

Seguiremos informando.

¡Arriba, excursionistas!

Escuchando: I got you babe (Sonny & Cher)

El viernes, gracias a la promoción de Público, me hice con la película Acción Mutante, la única película de Álex De La Iglesia que me ha dejado buen recuerdo. La vi hace años, quizás ahora me decepcione. Pero desde luego, releer su argumento me ha arrancado algunas sonrisas. En concreto, el punto señalado para la entrega de un rescate es “el bar La Mina Perdida, en el planeta Axturias, remoto paraje habitado tan sólo por mineros“.

Pero en Asturias, con ese, hay mucho más que mineros. Hoy he pasado este día de la marmota en Oviedo, fotografiando detalles insignificantes, recordando paseos por sus calles, y disfrutando de las mismas. Muy gratificante.

Al caer el sol, terminé la jornada conociendo un nuevo FNAC (tentado estuve con hacerme de algunos libros, pero lo procrastiné a la espera de terminar los que tengo entre manos), entrando en IKEA y saliendo con unas pocas compras con tendencia a lo innecesario, por marcar las diferencias y no aparentar ser una de esas personas con voluntad que salen de allí por la salida sin compra.

La vuelta a casa se hizo más amena recordando canciones de Ismael. Un buen sábado. Pero mañana esperemos que sea domingo…

Seguiremos informando.

Historia del crítico que fue a ver un concierto en Santander y terminó en Barcelona

Escuchando: Meine Stadt (Emir Kusturica and the No Smoking Orchestra)

Dos pataletas sobre el concierto de ayer…

La primera: no haber podido hacer fotos libremente como esa persona que se paseaba cámara en mano por el escenario. Ahora sé por qué: las fotos han aparecido en la página web del grupo. Fantásticas. Envidia insana.

La segunda: leer la crónica del concierto que aparece hoy en El Diario Montañés. La transcribo a continuación…

El músico y cineasta serbio Emir Kusturica acompañado de la No Smoking Band actuó anoche en la Sala Argenta del Palacio de Festivales ante más de mil espectadores. La banda del doble ganador de la Palma de Oro de Cannes y del doble ganador del León de Oro de Venecia. En su gira española, que hoy concluye en Madrid, la interpretación enlatada del himno soviético ha sido preludio de sus noches musicales. Kusturica y los suyos entraron sin ningún ánimo bélico. ‘Unza unza time’ y un depurado ritmo de fanfarria gitana desquiciada a punto de descarrilar y trufada de acordes de guitarra punk provistos por el señor Kusturica. El cineasta anunció, en efecto, una noche punk. De ello se encargó, sobre todo, el líder oficioso de la banda, Dr. Nelle Karajic, que no se estaba quieto. ‘Fatal wounds’ y ‘When life was a miracle’, con la banda a todo trapo: vientos, acordeón y violín alimentando una maquinaria enloquecida, fiel practicante de ese subgénero conocido como nuevo primitivismo, que alumbró la Yugoslavia pos-Tito. Rock iconoclasta desde los Balcanes.

Lo primero que se me viene a la mente al leer el texto anterior es que el redactor no ha pasado en el concierto más que los cinco primeros minutos. Obviar en la crónica todo el jaleo que se montó después es como basar la crónica del partido de fútbol de ayer en el pitido inicial del árbitro. Patético.

Pero no acaba ahí la cosa. Las negritas que aparecen en el texto son mías. Gracias a un comentario en la noticia, de alguien llamado Isaac, se puede comparar la crónica con la publicada el 25 de enero en el Periódico de Cataluña. Las frases remarcadas arriba están calcadas literalmente. Demasiadas casualidades: incluso hay sentencias que han quedado sin mucho sentido tras el proceso de cortar y pegar. Vamos, que es posible que el redactor de El Diario Montañés ni siquiera se asomase por el Palacio de Festivales. Por favor, un poco de seriedad. ¿Este es el periódico más serio de nuestra región? Para perpetrar estas cagadas, mejor que dediquen el espacio a la desaparición del tomate o a algún tema similar por el que se vayan a preocupar.

Anoche me quedé hasta las dos de la mañana para escribir mi pequeña crónica, repasarla, y editar mi fotografía cutre; por amor al arte. Hay gente a la que le pagan por mucho menos.

Seguiremos informando.