Lleve 366, pague 365

Escuchando: Nunca el tiempo es perdido (Manolo García)

¿Y 2008 tiene un día más, incluso? Habrá que aprovecharlo igual que hemos hecho con el año que termina. O más. Disfruten esta noche de sus ritos y supersticiones preferidas, brinden con alegría y comiencen con inmejorable pie un año que nos llega nuevecito como un cuaderno con todas sus hojas en blanco para que cada cual se componga sus propias historias.

Feliz año, cuidado con los excesos, pásenlo bien y apaguen el ordenador, que ya va siendo hora…

Mis 12 meses, mis 12 fotografías (IV)

Escuchando: Un año más (Mecano)

Aquí está mi ya tradicional resumen fotográfico de este año 2007 al que le quedan las horas contadas. En estos 365 días he sumado más de doce mil disparos, recuerdos de grandes y pequeños viajes, muchos conciertos, amigos y momentos especiales, muy especiales. Termino el año con algún premio ganado, muchas fotos pendientes de publicar aún, y una exposición abierta que va a cumplir ya un mes. No me puedo (ni quiero) quejar.

El año que viene, más. Seguiremos fotografiando.

1. Playa de Covachos, Cantabria.
2. Plaza de España, Roma.
3. Plaza de Cataluña, Barcelona.
4. Liencres, Cantabria.
5. Batería de San Pedro del Mar, Cantabria.
6. Calle Getreidegasse, Salzburgo.
7. James en el Summercase de Madrid.
8. Desfile de tropas romanas por Santander.
9. Catedral de Santa Cecilia en Albi.
10. The Gift en directo en Santander.
11. Mi sobrino y sus primeros partidos oficiales.
12. Dirty Three en el festival CuVa de Santander.

Pensé que nunca iba a llegar ese día

Escuchando: The Kiss (The Cure)

Pero llegó. Fue el viernes pasado, después de comer. Poco a poco fueron encajando las pocas piezas que faltaban, hasta completar el millar. Han sido varios meses los que ha pasado el puzzle sobre la mesa, tiempo en el que hemos estado a punto de tirar la toalla muchas veces. Es frustrante revolver entre mil piezas grises. Sin ningún borde definido. Gris oscuro, gris claro. Desesperante.

Viendo el resultado, ha merecido la pena: la fotografía es una de mis preferidas, y el puzzle enmarcado queda muy resultón. Ahora bien: si a alguno de ustedes se le pasa por la cabeza imitar la hazaña, que se lo piense dos veces. Ha sido duro, muy duro. Todo aquel que se ha sentado a intentar ayudarnos, ha terminado soltando la misma frase: “este puzzle no lo vais a terminar en la puta vida“.

Pero para cabezotas, nosotros.

Seguiremos con otro puzzle. En color, por favor.

¡Febril Navidad!

Escuchando: Fever (Kylie Minogue)

Después de tres días y cinco gramos de paracetamol, parece que la fiebre comienza a remitir, vuelven las fuerzas y me apetece acercarme de nuevo al ordenador. Una pena que me haya perdido dos cenas y un concierto por culpa de mi febril inactividad.

Por lo demás, las fiestas bien.

Seguiremos informando.

Prohibiciones sobre hielo

Escuchando: Skating away on the thin ice of a new day (Jethro Tull)

Que digo yo:

Cuando una iniciativa de éste nuestro Ayuntamiento me agrade (pista de patinaje sobre hielo al aire libre en el centro de Santander), me parezca que sirva para dar ambientillo a la ciudad, y me disponga a inmortalizarla en una foto para reconocerlo públicamente en esta página, esperaré a que se me pasen las ganas.

Uno de los monitores ha venido a decirme (por mímica, no sé si en realidad era mudo, o le dio por ahí) que no podía usar la cámara. ¿En medio de la calle, en una plaza, y no puedo sacar fotos? La próxima vez les va a hacer promoción gratis su puta madre.

Seguiremos informando, si nos dejan.

Me perdí en su universo

Escuchando: Universos infinitos (Love of Lesbian)

La suma de dos universos privados es igual a infinito. Una de las maravillosas nuevas canciones de Love Of Lesbian se ha transformado en una preciosa colección de imágenes en movimiento gracias a la genial Lyona.

Maravilloso.

PD: Dedicado a mi vecina del ártico, que el sábado me tele-transportó por un rato al último concierto lesbiano, ¡gracias!

Conciertos por todo lo ancho

Escuchando: As Heaven is wide (Garbage)

The Arcade Fire

Hace unos días expuse una serie de fotografías de conciertos, y una de las imágenes que más llamó la atención fue la que encabeza estas líneas. Como no me dedico exclusivamente a esto de fotografiar directos, mi equipo no es muy especializado. Mi compañero habitual suele ser un minúsculo objetivo de 50mm (al que algún día dedicaré unas líneas, se lo merece), que se ve más pequeño aún al lado de los carísimos tele-objetivos de muchos fotógrafos profesionales de conciertos. Con esta foto, sin embargo, usé un objetivo zoom en su posición más angular para conseguir un plano general del escenario.

Aunque muchas veces la primera imagen que nos venga a la cabeza al pensar en fotografía de conciertos sea un primer plano o un plano medio del artista sobre el escenario, jugar con objetivos más angulares es muy divertido y ofrece resultados, muchas veces, muy originales. Recientemente tuve la ocasión de fotografiar algunos conciertos teniendo a mano mi gran angular, así que aprovecharé para usarlas como ejemplos de lo que se puede conseguir a pie de escenario con una visión más amplia.

Empecemos por un rápido repaso, por si acaso: un objetivo angular es aquel que, en palabras llanas, nos ofrece una visión muy amplia de lo que tenemos delante. Así como un tele-objetivo se centra en mostrarnos al detalle una reducida zona de nuestro campo visual, un angular nos ofrece una panorámica de lo que nos rodea. El ejemplo extremo es un ojo de pez, que nos ofrece una visión de 180 grados. Mi gran angular no llega a tanto (y casi se agradece, porque las distorsiones excesivas cansan) pero sus 12mm (convertidos en 18mm al usarla en mi Nikon digital) son más que suficientes.

Las fotos que voy a utilizar como ejemplo están tomadas en teatros, en los que el escenario no está muy elevado. Esto me facilitó la tarea, ya que en algunas de ellas pude apoyar la cámara sobre el borde del mismo, así como inclinarme hacia él en los laterales.

El uso más obvio de un objetivo de estas características es el de captar una visión general del escenario a pie del mismo. Con separarse unos pocos pasos de su borde, se podrá obtener el encuadre deseado.

Nacho Vegas y Christina Rosenvinge

Sin embargo, las fotos más divertidas con un objetivo angular son aquellas en las que nos aproximamos a algún elemento de la escena. Con un tele-objetivo, los objetos lejanos parecen estar más cerca unos de otros; con un angular, en cambio, se produce el curioso efecto de que los objetos cercanos los vemos con un tamaño considerable, mientras que los lejanos aparecen más alejados aún. Así, si nos centramos en la pedalera de un guitarrista, y captamos su pie acercándose a nuestro objetivo, se obtendrá una resultado muy llamativo.

Oxygen

De la misma forma, y por esa razón, al realizar un plano contrapicado (de abajo hacia arriba), el sujeto aparecerá mucho más alto que en la realidad, con unas piernas de considerable tamaño y la cabeza perdiéndose en las alturas.

Lazy

Por último, estos objetivos ofrecen un gran ángulo de visión que no sólo se puede aprovechar para visiones frontales del escenario: una imagen captada desde un lateral, acercándonos todo lo posible al borde del escenario, dará como resultado el efecto de estar tomando la foto encima del mismo, junto a los artistas.

My Federation

En definitiva, este tipo de objetivos en un concierto nos permite obtener imágenes originales y llamativas. Sólo tienen un inconveniente: ¡hay que acercarse mucho a la acción para disparar!

Seguiremos fotografiando.

Músicos sucios, músicos locos

Escuchando: Warren’s Lament (Dirty Three)

Hace unos días he recibido una felicitación navideña de una persona para la que estas fiestas serán, estoy seguro, muy especiales. Es curioso, fue ella quien hace ya (muchos) años me descubrió y amplió algunos horizontes musicales. Entro los discos que escuché gracias a sus recomendaciones, hay uno que guardo con especial cariño. Horse Stories, de Dirty Three me parecieron, entonces, un complejo y fascinante universo de sonidos: tristes, hipnóticos, melancólicos, agresivos, hermosos.

Ayer, el festival CuVa se cerró con su actuación. Sobra decir que esperaba su concierto con la ilusión de un niño. Durante todos estos años he seguido sumergiéndome en sus discos de sonidos oceánicos. E intuía que poder asistir en directo a la creación de su música iba a ser algo especial.

Fue mucho más. Ochenta minutos de pura magia, que pasé asombrado, emocionado, casi sin pestañear para no perder ni un sólo detalle. Ayer unos pocos privilegiados disfrutamos de un concierto que se recordará en esta ciudad durante años. Sus canciones fueron vestidas con una intensidad imposible de describir, e interpretadas por tres geniales músicos locos; especialmente genio, especialmente loco, Warren Ellis. Fue un broche final perfecto para un festival que nos ha dejado tan ilusionados y con tan buen sabor de boca, que es imposible no estar satisfecho. En otra ocasión y con más calma daré las gracias como se merecen a todas las personas que han ayudado a hacerlo posible.

De momento, me quedo con el recuerdo del concierto de ayer, y la música de Dirty Three. Y aunque no vayas a leer estas líneas, no dudes que ayer me acordé de ti. Gracias por descubrirme aquellas extrañas historias de caballos.

Seguiremos informando.