Mis lecturas del año 2024

Este año tengo intención de llevar la cuenta de los libros que voy leyendo. Leo menos de lo que me gustaría, pero espero tener siempre tiempo, aunque sea poco, para el placer de la lectura.

El libro de las bicicletas. Todo sobre el mejor invento de la historia (Paul de Moor y Wendy Panders)
Un libro ilustrado que encontré en la sección infantil de la Biblioteca Central. Lo cogí para ellos (excusa) pero lo he devorado yo. Muchas anécdotas curiosas que desconocía sobre la invención y el uso de la bicicleta en deporte y como medio de transporte. Muy recomendable, y como lectura infantil yo diría que a partir de unos 9 ó 10 años.
El libro de las bicicletas

Mañana, y mañana, y mañana (Gabrielle Zevin)
Llegué a este libro sin más referencias que una recomendacion de Aída de Bebé a Mordor y la coincidencia de estar montando el set de La Gran Ola en LEGO. A las pocas páginas me quedé enganchado por una historia de amistad, amor, videojuegos y encajar en la vida adulta.
Mañana, y mañana, y mañana

Arquitectura de andar por casa (Luis Lope de Toledo)
Curioso libro en el que su autor (arquitecto) analiza pieza a pieza los elementos de una vivienda desde el punto de vista de su arquitectura. Reflexiones interesantes, ejemplos curiosos (especialmente de edificios de Japón, el autor reconoce su predilección), algunos de ellos ya conocidos gracias a la Brasa Torrijos y su libro (que me gustó bastante más que éste). Entretenido, sin más.

Momo (Michael Ende)
Poco puedo decir del que fue mi libro preferido de mi infancia. Mi vieja edición de Alfaguara se perdió en la noche de los tiempos, y aunque lo había vuelto a leer de adulto tirando de biblioteca pública, quería tener mi propio ejemplar para poder compartirlo algún día con mis hijos. La nueva edición ilustrada con motivo de su 50º aniversario parecía una buena ocasión, y los Reyes Magos se encargaron de regalármelo este año. A pesar de los años que han transcurrido desde su publicación, su historia sigue siendo más actual que nunca. Un libro que se lee como una novela de aventuras cuando eres niño, pero que con los años va mostrando capas en distintas relecturas. Beppo y su filosofía para enfrentarse al trabajo de barrer una larga calle siempre fueron uno de mis referentes. Un clásico por el que no pasa el tiempo.

La recivilización: Desafíos, zancadillas y motivaciones para arreglar el mundo (Fernando Valladares)
Fernando Valladares pasó por Santander a presentar su primer libro de divulgación y nos dejó un puñado de reflexiones imprescindibles sobre nuestro momento actual. Salí de la la librería La Vorágine con su libro en la mano y unas semanas después ya lo había devorado. Con un primer capítulo que analiza la situación actual del mundo que nos ha tocado vivir (un análisis no demasiado optimista), el resto del libro está dedicado a proponer estrategias de actuación para intentar reconducir la situación. Un libro imprescindible pero que mucho me temo que con fecha de caducidad: ojalá seamos capaces de reaccionar y evitar los escenarios más catastróficos.

La palabra para rojo (Jon McGregor)
La verdad es que no recuerdo muy bien cómo llegué hasta este libro, supongo que su sinopsis me llamó la atención. Un miembro del equipo de una expedición a la Antártida sufre un ictus, y una vez en casa se enfrenta al reto de recobrar la movilidad y el habla de la mano de su mujer, el resto de su familia y un peculiar grupo de ayuda. Brillante acercamiento al proceso de intentar comunicarse cuando las palabras fallan. Inevitable mencionar el trabajo de su traductora, Concha Cardeñoso, ya que no ha tenido que ser un trabajo sencillo.

A toda pastilla (Josephine Mark)
Vamos con un cómic sacado de la sala infantil de la biblioteca, pero del que había leído tantas cosas buenas que se lo cogí prestado a mis hijos. Una historia divertidísima y trementandamente tierna sobre un tema tan peliagudo como el tratamiento de una enfermedad grave. Un conejo, su medicación y un lobo como aliado inesperado, en una frenética huida de un despiadado cazador. Imprescindible para grandes y pequeños, maravilloso y sensible acercamiento al tema de la enfermedad.

La ciudad de los cuidados (Izaskun Chinchilla)
Después de haber leído algunos libros sobre cómo hacer ciudades más humanas (La revolución de la proximidad, de Carlos Moreno, o Ciudad Feliz de Charles Montgomery) buscaba en la biblioteca algo más sobre el tema y me encontré con este libro que enseguida me llamó la atención. Me ha gustado porque trata temas con los que ando involucrado como los entornos escolares o la movilidad urbana. Ya sólo por sus reflexiones sobre cómo se van arrinconando las activiades no productivas (sentarse o refrescarse sin pagar por ello) ya merece la pena. Como punto negativo (para mí) el exceso de un lenguaje inclusivo mal entendido hizo que las frases me sacaran del contexto bastantes veces. Repetir continuamente ciudadanos y ciudadanas, y expresiones similares (aunque no siempre que aparece el genérico másculino en el texto), en lugar de buscar fórmulas más sensatas (ciudadanía) hace que muchas veces las frases se alarguen en exceso. En cualquier caso, detalle menor que no empaña la importante reflexión urbana que propone.

La vida a ratos (Juan José Millás)
Completando poco a poco la bibliografía de mi admirado Millás, me puse con este volumen sin saber muy bien qué me iba a encontrar. Se trata de una novela en formato diario, con bastante de autobiográfico, en la que el autor va contando su día a día durante unos 3 años. Sus visitas a la psicoanalista, su taller de escritura, sus gin-tonics de media tarde, sus viajes. Millás en estado puro, y en formato reflexión breve. Tenía mis dudas sobre si no iba a resultar repetitivo o monótono dado el formato, pero no. Hay muchas ideas en esa cabeza como para llenar varios volúmenes. Claro que yo soy un incondicional, no sé si es objetivo.

Amigos para siempre (Daniel Ruiz)
El argumento me llamaba por afinidad generacional (grupo de amigos que se reúnen para celebrar el 50º cumpleaños del mayor de ellos). Novela entretenida con un tono muy sarcástico y bastante gamberro, pero que no me ha llegado a enganchar como esperaba. Quizás no me he sentido identificado con los personajes o con el tono de la historia. En cualquier caso, recomendable para lectores de mi generación (que es la del autor, 1976) pero que no sé si funcionará fuera de ahí.

El niño filósofo (Jordi Nomen)
Recomendado por un amigo, ha sido un agradable descubrimiento este pequeño libro que ofrece ideas y herramientas para acercar el pensamiento filosófico a los más pequeños. Ideal para familias y profesores que quieran sembrar la semilla del pensamiento crítico, tan necesario en estos tiempos. Para leer y reflexionar.

Luchar por la calle. Manual para una revolución urbana (Janette Sadik-Khan, Seth Solomonow)
Después de leer hace poco Ciudad Feliz (Charles Montgomery, libro recomendadísimo) me llamó mucho la atención este otro libro editado también por Capitán Swing. Se centra en la transformación de la ciudad de Nueva York llevada a cabo por su Comisaria de Transportes, contando el proceso desde dentro: planificación, oposición que se encontraron, etc. Muy interesante comprobar cómo se gestó todo el cambio, cuál fue su aceptación, cómo gestionaron los problemas de opinión pública… es un libro muy centrado en NY, obviamente (y a veces parece que re-descubren la rueda implementando soluciones más que probadas en Europa) pero que ofrece una visión muy muy interesante del proceso de cambio de una ciudad. Y como dice la autora, si funcionó en Nueva York, puede funcionar en cualquier ciudad. Una lectura muy recomendable (y muy actual, pese a estar escrito en 2017).

Alguien como tú (Nick Hornby)
Sé qué nunca volveré a descubrir una novela como Alta Fidelidad, pero me sigue gustando leer las nuevas obras de Nick Hornby. En este caso aborda una historia sobre una relación sentimental con diferencia de edad y de color de piel, ambientada en el Reino Unido durante la votación del Brexit. Agradable y rápida de leer, no me parece su mejor novela (de las recientes me gustó más la juguetona El estado de la unión) pero se disfruta.

Morgan (Escenario Santander, 17 de febrero de 2024)

Supongo que mucha gente el pasado sábado se llevo una maravillosa sorpresa. Otros muchos ya sabíamos que un concierto de Morgan es un acierto seguro. Están cerrando su gira y su directo sigue siendo espectacular: una banda engrasada al milímetro, que se divierte sobre el escenario, y con la voz de una Nina que es de otro planeta y emociona por mucho que uno ya se lo espere. Y lo esperábamos. Era nuestro séptimo concierto suyo. Después de ser padres por segunda (y múltiple vez) fueron sus canciones las que nos hicieron planear una primera escapada musical para verlos en Donosti. El primer concierto post-pandemia también fue suyo. Los hemos visto en teatros, en salas pequeñas, en salas medianas, en el Wizink (en formato de lujo), en festivales, compartiendo cartel (con Quique), teloneando (a Fito)… y siempre apetece una más.

Echaremos de menos los discursos atropellados y nerviosos de Nina, sus siempre sinceros agradecimientos, su repertorio que crece y crece. Si los errores nos alejan de casa, sus canciones nos acercan siempre al hogar.

Seguiremos informando.

PD: Lo único negativo de la noche, que han agotado el vinilo exclusivo que sólo vendían en sus conciertos con la grabación del Wizink junto la Golden Family. ¡Quiero una segunda edición! Tenednos informados a los que nos hemos quedado con las ganas en esta recta final de la gira (y que conste que me alegro un montón del éxito de ventas).

¡Felices fiestas!

Felices fiestas

Todos mis mejores deseos para estas fiestas. Que tengamos un 2024 en el que podamos aprovechar cada uno de sus 366 días.

La imagen es una mezcla de fotografía (acebo en hayedo de la Cotera, Saja) y acuarela. Porque a veces es más importante pasárselo bien en el proceso que un resultado perfecto.

Seguiremos informando (aunque sea de año en año)

A por 2022

Pues 2021 ha sido extraño y bastante imprevisible. A ver qué nos encontramos en 2022. Salud, energía y momentos con los nuestros. No pido más.

Seguiremos informando, aunque sea de año en año.

Por ella. Por todas.

Noa. Nuestra hija. Tiene cuatro años y no se le pone nada por delante. La cabeza le va a mil por hora. Aprende a leer a velocidad de vértigo para no perder ripio. Nunca aprendió a andar, sino a correr. Si le dices que no puede hacer algo, te demuestra lo contrario. Tiene un carácter que le vendrá muy bien en la vida y que nos augura una adolescencia de aúpa.

Con cuatro años ya entiende muchas cosas. Pero nunca será capaz de entender que tendrá que luchar el doble para demostrar lo que vale. Que habrá noches que tendrá miedo al volver a casa sola. Que tendrá que elegir entre su vida familiar o su carrera profesional. Que tendrá que aguantar mil comentarios fuera de tono.

No lo entenderá ella ni lo entendemos los demás. Hoy, 8 de marzo, hay mucho por lo que luchar. Porque queremos un mundo distinto, mejor, con igualdad de oportunidades. Por ella y por todas. Ni un paso atrás.

Seguiremos informando.

Vamos a por 2021

Veo ahora las fotografías de hace un año y parece que hayan pasado diez. Parecen de otro mundo. Está claro que quien deseó que 2020 fuese un año inolvidable acertó de pleno.

Quién nos iba a decir que un año después íbamos a estar sin poder viajar, sin poder reunirnos con nuestros familiares, con mascarillas, con la Puerta del Sol cerrada y acordonada, sin poder entrar a bares ni restaurantes, con toque de queda…

2021 no se plantea como un libro en blanco que llenar de buenos deseos. El nuevo año viene en forma de reto, porque esto no ha terminado, aunque se comience a vislumbrar la luz al final del túnel. Pero queda mucho por luchar, hay que tener paciencia y mantener las medidas y las precauciones durante meses aún.

Todo sea porque dentro de no mucho podamos, de verdad, juntarnos, abrazarnos y brindar todos.

Vamos a por 2021. Juntos, podremos.

Allí donde solíamos gritar

Y viajar. Y respirar, pedalear, disfrutar de conciertos, calles, parques, primaveras…

Durante estos casi dos meses de confinamiento me he dedicado a repasar mi catálogo de fotos rescatando imágenes de rincones, cercanos y lejanos, que echaba de menos desde casa.

Termino hoy esta colección porque comenzamos a reconquistar la calle, aunque sea poco a poco, con precaución, muchas limitaciones y cambiando de costumbres. Ojalá sean pequeños pasos que no haya que recorrer hacia atrás de nuevo. Responsabilidad.

Publiqué toda la serie en mi cuenta de Instagram y en Twitter, una imagen cada día, pero quedan aquí todas para el recuerdo.

Seguiremos fotografiando.

Memorias de cuarentena (III)

Hoy se cumple un mes desde que comenzó nuestro confinamiento. Un mes con nuestros tres niños sin salir de casa. Y hasta ahora lo llevaban relativamente bien. Pero empieza a notarse el encierro, ellos se aburren, nosotros vamos agotando la paciencia. Y es que al final en la gestión de esta crisis se está echando en falta que alguien piense en los niños y en sus necesidades (más allá de discutir qué hacer con el curso escolar y cómo evitar que pierdan materia… como si tuvieran poco con lo que lidiar).

Hace un mes todavía podíamos soñar que no era para mucho tiempo. Ahora ya sabemos que ha sido largo y lo será más aún. Se van descartando poco a poco las vueltas al cole, las vacaciones planeadas, los conciertos, los festivales…

Ya cuesta decir eso de que «todo saldrá bien» porque no, no está saliendo bien. Ya nos conformamos con que no salga demasiado mal. O que salga, sin más. Pero cuando volvamos no será a la normalidad, no a la que conocíamos. Habrá que habituarse a nuevas costumbres y echar mucho de menos otras. Pero al menos esperemos que lo podamos hacer (casi) juntos.

Seguiremos informando.

Mi(ni) despacho

Ahora que estamos todos a vueltas con el tele-trabajo, un par de apuntes:

Uno. Trabajar desde casa es posible en muchos más casos de los que se imaginaba. Es cierto. Pero no pensemos que este experimento colectivo a causa de la pandemia es un ejemplo de tele-trabajo. No. No hay que sacar conclusiones de rendimiento cuando muchos clientes y proveedores están cerrados, los niños están por casa revoloteando alrededor y todos tenemos la cabeza (además) a otras cosas. Es una situación de emergencia. El tele-trabajo habitualmente es más tranquilo y se puede organizar mejor. Palabra.

Dos. Hay que buscar un hueco en casa para montar el espacio de trabajo. Por si sirve de inspiración, os cuento mi experiencia. Cuando nacieron los mellizos mi despacho se convirtió en su habitación y yo me fui con mis trastos a… donde pude. Que en mi caso fue un hueco en el dormitorio donde hasta entonces había un armario auxiliar. 80 centímetros de ancho. Con planificación y un poco de maña conseguí encajar ahí un escritorio que teníamos por casa, un par de baldas y listo: el ordenador de sobremesa (con una tira de luz tras la pantalla como iluminación nocturna), mi SAI, un hueco para almacenar el portátil, escáner, impresora, tableta de dibujo, mi montón de discos duros convenientemente guardados y ocultos, un cajón para cargadores y accesorios… y todo ello sin demasiados cables a la vista gracias a un par de guías en las esquinas.

Eso y unos cascos con cancelación de ruido son mi equipo de batalla para estos días.

Seguiremos trabajando. Desde donde sea.