Memorias de cuarentena (I)

Pandemia. Todo lo que nos parecía normal se ha tambaleado. Llevamos una semana confinados en casa y las calles han pasado a ser territorio hostil al que aventurarse para lo básico durante el menor tiempo posible. Los niños encerrados en una casa que se queda pequeña para tanta energía, para tantos juegos, para tantos gritos.

Y lo peor está por venir. Hay que mentalizarse. Hay que quedarse en casa. Hay que quedarse en casa. Hay que quedarse en casa. A ver si a fuerza de repetirlo -o de multas ejemplares- los insensatos van entrando en razón.

Es tiempo para reflexionar. Lo que más echemos de menos es lo que realmente nos importaba, aunque no lo diésemos importancia. Pasar tiempo con nuestros padres, con nuestros amigos. Los paseos por la calle saludando a algún conocido. Escaparse algún rato a disparar unas fotos a mis lugares comunes. Pasear con mis niños, pasear en familia. Salir. Entrar. Improvisar. Vivir sin miedo.

Volverá la calma, pero será una lucha dura, y será larga. Y volveremos a las calles. Poco a poco y con dudas. Y faltarán algunos, esperemos que no muchos. Luchemos para que no sean muchos, aunque nuestro papel en la batalla sea tan (aparentemente) banal como quedarse en casa.

Mientras tanto toca trabajar en lo que se pueda, toca pasar tiempo con los niños para que nos contagien de optimismo, toca intentar sacar lo bueno del confinamiento, toca valorar lo que tenemos.

Y toca también revisar el catálogo de fotos para rescatar disparos, para pasear por los rincones donde solíamos gritar.

Seguiremos informando.

Los Reyes saben que nos gusta jugar

Los Reyes Magos pasaron por casa y como saben lo que nos gusta, dejaron un montón de juegos para grandes y pequeños. En concreto:

Para papá y mamá dejaron Expansiópolis (muy compacto para llevar encima, con posibilidad de jugar en solitario) y París (un juego abstracto para dos jugadores al que teníamos muchas ganas).

Para Teo dejaron un ajedrez (estamos empezando con ello), el Aventureros al tren – El primer viaje (versión simplificada de uno de nuestros juegos preferidos) y Tumulto de Caballeros (con su torre en tres dimensiones).

Y para los pequeños de la casa, el juego de El Monstruo de Colores (una chulada, y muy interesante), Soplar el pastel (para afinar la puntería soplando) y Animales en acción (para hacer el ganso con mímica).

Poco a poco los vamos estrenando y cogiendo el truquillo, haciendo cantera con calma y en familia.

¿Y a vosotros? ¿Os han traído los Reyes algún juego de mesa?

Seguiremos jugando.

¡Felices Fiestas!

Aunque este rincón esté bastante abandonado, no pierdo la intención de volver a dejar caer líneas de vez en cuando. Puede ser uno de los propósitos para este próximo 2020. En cualquier caso, que tengáis todos unas muy felices fiestas y que el año nuevo venga cargado de ideas, proyectos y momentos por compartir.

Seguiremos informando.

Tatooine

Centro Botín

Hacía tiempo que no podía dedicar un ratito a juguetear con alguna de mis fotos. Sigo capturando momentos y rincones, pero muchas veces acaban guardados a la espera de revisión, edición, paciencia y tiempo.

Dejo aquí este recuerdo de una de mis visitas al Centro Botín, a finales del año pasado. Espero que os guste.

Seguiremos fotografiando.

Vamos a por 2018

Feliz 2018

Apenas tengo tiempo para repasar el año que termina. Apenas tengo tiempo, en general.

2017 lo hemos pasado a la carrera, con la lengua fuera, intentando aprender cómo gestionar esto de la familia numerosa. La parte buena me la salto, porque se sobreentiende: tres hijos como tres soles, que nos regalan momentos maravillosos. La contrapartida: la falta de sueño, de energía, de tiempo, de paciencia.

Terminamos un año en el que hemos hecho mil planes que invariablemente se han ido al traste; ha sido un 2017 de improvisación y de planes B. Ha sido un año que hemos sobrevivido. En 2018 no queremos sobrevivir, queremos vivir. Y pondremos todo nuestro empeño en ello. Que nos faltará sueño, pero no sueños.

¡Feliz entrada en 2018!

Doble primer año

Pasteles y velas

 

Cómo pasa el tiempo. Ayer nuestros pequeños cumplieron su primer año. Un año que más que vivir hemos sobrevivido, agotados, asimilando y gestionando una familia numerosa que nunca estuvo entre nuestros planes. Pero ya sabéis, la vida te lleva por caminos raros.

Cualquier esfuerzo tiene su recompensa, por supuesto. Y los grandes esfuerzos tienen recompensas descomunales. Hace un año Daniel y Noa eran dos bebés minúsculos que apenas nos atrevíamos a tocar metiendo la mano en una incubadora. Pasaron los días, crecieron y llegaron a una casa que desde entonces no volvió a ser igual. Hoy se han convertido en dos niños geniales, guapísimos y tan simpáticos como distintos. Daniel, Dani, lleva en su carga genética mi tranquilidad. Es feliz viendo la vida pasar con sus preciosos ojos claros (gracias familia por aportar genes recesivos que hemos conseguido activar) y su sonrisa de Don Juan. Para ser el más pequeño de todos, está creciendo como un jabato. Noa en cambio, dos minutos mayor, es un terremoto en tamaño más contenido. Quiere andar a toda costa y está a punto de conseguirlo. No se duerme si no es por agotamiento (de todos) y quiere tener en la mano todo lo que ve. Sea de quien sea.

 

 

Verlos jugar juntos es una maravilla. Y más cuando llega el tercero en discordia, su hermano mayor… que en realidad con tres años es poco más que otro bebé en talla XXL. El pobre lleva como puede su pérdida del trono en un año que está siendo complicado. Sus pataletas son nuestros dolores de cabeza. Pero el esto del tiempo es el hermano mayor perfecto y sus ocurrencias darían para un libro. Cuando hablen los tres esto va a ser para comprar palomitas.

 

 

Un año con tres niños de estas edades ha resultado una locura. Todavía nos sigue costando movernos en bloque. Llegamos tarde a todos lados y siempre hay alguien llorando. No necesariamente niños. Por eso se acaban valorando mucho más los pequeños logros. Esos días en los que conseguimos escaparnos de picnic. Las quedadas familiares. Las reuniones con amigos. Sin grandes aspiraciones pero con pequeños tesoros.

 

 

No habríamos llegado hasta aquí con cierta dignidad sin la ayuda de nuestra familia. De nuestros amigos. De Pocoyó. Gracias a todos. El camino que nos queda por delante no creo que vaya a ser más fácil. Pero dudo que vaya a ser más difícil. Será diferente. Con nuevos retos y nuevas alegrías. Y allí estaremos dando lo mejor de nosotros.

Ayer lo celebramos como mejor supimos. Tranquilamente, al sol, en un parque, explorando y manchándonos. ¡Hay tanto por descubrir y por aprender!

Seguiremos creciendo. Seguiremos aprendiendo, nosotros también. Y seguiremos buscando esos pequeños momentos en los que tres sonrisitas hacen olvidar cualquier otra preocupación.

¡Feliz cumpleaños, Noa! ¡Feliz cumpleaños, Daniel!

Tres años, ya

Teo

Cómo pasa el tiempo. Nuestro (ya no tan) pequeño Teo ha dejado de ser un bebé grande para convertirse en un niño que hoy cumple años, y éste último la verdad es que no se lo hemos puesto fácil. Después de dos años con papá y mamá, tocó enfrentarse al cole. Poco después, le destronaron en casa dos pequeñas criaturitas que poco a poco le van ganando espacio y tiempo. Hemos dejado atrás chupetes y pañales. En verano ha cambiado el colegio por un campus en otro centro con nuevos amigos y profesores. Y con tanto cambio, sigue alternando sus sonrisas radiantes con sus incansables pataletas, como corresponde a su edad.

Es una lástima que papá y mamá muchas veces no estemos a la altura. Están siendo meses absolutamente agotadores, compaginar a Teo con los dos mellizos es un agujero negro de energía y casi siempre estamos demasiado cansados para lidiar con la rabieta de turno. Además, a la fuerza intentamos hacerle mayor de lo que es, y cuesta aceptar que nos equivocamos riñéndole por no portarse como un adulto. Deberíamos ser nosotros un poco más niños, más a menudo. Pero el tiempo, las fuerzas y la paciencia no son infinitas, desgraciadamente.

Da igual. Nos desespera varias veces al día, pero nos lo comeríamos a besos otras tantas más. Tenemos un hijo que, aparte de guapo a rabiar, está como un roble, es divertido, alegre, cantarín, bailarín y muy charlatán. Es imposible aburrirse cuando está cerca, y sus ocurrencias darían para un libro. Promete además ser un perfecto hermano mayor, el papel que le ha tocado en nuestra pequeña casa de locos. Hoy toca celebrar sus tres años con nosotros. También los tres años que llevamos ejerciendo de padres, intentando hacerlo lo mejor posible mientras vemos cómo el tiempo pasa volando.

¡Muchas felicidades, Teo!

 

Cuarentena

Tarta

 

Nunca me costó cumplir años. Será porque he tenido la suerte de que siempre los acabo con la sensación de que han merecido la pena. Sin embargo, hace ahora justo un año entré en la cuarentena y ni lo celebré ni le pude dar mucha importancia. Fueron días bastante terribles, con demasiadas cosas en la cabeza, sorpresas inesperadas (¡mellizos!), complicaciones del embarazo, dudas, miedos, búsquedas desesperadas de colegios… un bonito follón en el que mi cumpleaños pasó con mucha más pena que gloria.

 

Velas

 

Un año después he celebrado mis 41 años en casa, con tranquilidad, con mi pequeña gran familia. Quién me lo iba a decir entonces. Entré en los cuarenta corriendo, sin mirar, apagando fuegos, y sigo parecido: sobreviviendo a cada día, sólo que con más pequeñas sonrisas por casa. Este primer año de cuarentena me ha servido para recolocar muchas prioridades y para comprobar -con mucho orgullo- que por muchos escollos que uno se encuentre siempre hay algún rodeo, siempre se encuentra alguna solución… sobre todo cuando se trabaja con la mejor compañera de equipo posible y se tiene además la suerte de tener el apoyo incondicional e inestimable de la familia. Y con familia me refiero a la de verdad, a la de sangre, a los que tanto nos ayudáis… pero también a nuestra otra familia, nuestros amigos, nuestros grandísimos amigos. Sí, somos los que siempre llegamos tarde y con sueño, los que casi nunca podemos quedar, los que nos marchamos pronto, los que casi siempre tenemos a alguien entrando o saliendo de algún virus… pero por pequeñas que hayan sido, esas quedadas nos han dado muchísimo aire. Gracias a todos ellos también.

 

Regalo chocolate

 

No tiene pinta de que con 41 años vaya a dormir mucho más (tengo asumido que vivo con más sueño que sueños), ni vaya a ponerme al día con conciertos, lecturas ni películas. No creo que pueda tener mucha más vida social que la actual, ni que los viajes puedan ser una prioridad. Pero será difícil que me veáis sin una sonrisa puesta. Porque al final en eso consiste ser padre: en comprender que todos los sacrificios merecen la pena cuando los niños te devuelven una sonrisa, unas primeras palabras, o una charla desternillante con lengua de trapo. Y sinceramente, mientras sea así, que pasen todos los años que tengan que pasar, que los seguiré disfrutando.

Seguiremos cumpliendo.

Mis 12 meses, mi fotografía

Daniel y Noa

Termina 2016 y ha sido un año muy extraño. Nunca imaginamos que lo íbamos a terminar así, como familia numerosa, cansados, con sueño atrasado de por vida, mil pequeñas preocupaciones y dos nuevos protagonistas de mis fotografías familiares.

2016 no ha tenido grandes viajes, ni mil fotografías que enseñar. Más bien ha tenido grandes momentos a recordar en familia, buenos y malos. Por eso, y por falta de calma y de tiempo, este año me saltaré mi tradición de seleccionar una foto por mes, y me quedaré con una única imagen, una de mis pequeños cuando por fin llegaron a casa y empezamos nuestra pequeña, loca y nueva rutina.

En lo fotográfico, 2016 ha sido un año de usar menos la réflex (una cámara y un objetivo pasaron a mejor vida después de 10 años) y más las pequeñas cámaras sin espejo. Olympus ganando terreno a Nikon. También ha sido el año de reordenar miles de fotografías en un mismo sitio (Lightroom) para facilitarme la vida…

Lightroom

En lo laboral, ha sido un año de pausa necesaria. En lo personal y en lo familiar ha habido momentos duros, momentos bonitos, muchos inolvidables, comienzos de colegio, lenguas de trapo, sustos, demasiadas visitas al hospital… Comenzaremos 2017 con la esperanza de seguir sobreviviendo a este ritmo que nos está trayendo de cabeza. Si podemos pedir algo, que sea salud… que del resto ya nos encargaremos nosotros y la maravillosa familia que tenemos alrededor.

Feliz entrada de año a todos. En 2017… seguiremos informando.

Abrazos prematuros

Daniel en incubadora

 

Me enteré por casualidad de que ayer se celebró el Día Mundial del Niño Prematuro. Otro día más, de tantos, si no fuese porque en este caso me tocaba muy de cerca. Hace unas semanas llegaron Daniel y Noa, antes de tiempo. Después de 15 días ingresados en la unidad de neonatología, desde hace unos días estamos ya todos en casa, con mucha ilusión y toneladas de sueño.
Se hace extraño pasar por la experiencia de celebrar la llegada de los pequeños mientras la cabeza se llena de preocupaciones sobre el porqué, el cómo y el cuándo. El respeto que producen las incubadoras, los cables, los pitidos, los cuidados con la higiene en las visitas, los protocolos… se van transformando con los días en familiaridad, en arrebatos de muestras de afecto, en cariño por un personal que se vuelca con los pacientes más pequeños del hospital.
Hemos sido muy afortunados. Nuestros pequeños llegaron antes de tiempo… y nada más. Allí coincidimos con padres (en general, pero especialmente, y por supuesto, madres) valientes, con mil miedos, con mil preguntas, y con un único objetivo: acercar poco a poco a sus pequeños a la casilla de salida. A la puerta mágica que lleva a casa. Y poco a poco fuimos formando parte de un grupo en el que las confidencias y los desahogos nos hicieron partícipes de historias felices, duras, terribles, de esperanzas, de sustos.
Pasaron los días y de repente nuestros minúsculos pequeños ya estaban listos para conocer al resto de nuestra familia. Y nosotros no estábamos seguros de estar tan listos para el reto. Pero una sola de sus sonrisas vale por un mundo. Eso compensa todo.

 

Daniel y Noa

 

Gracias a la ciencia, un bebé prematuro hoy en día es un niño que afortunadamente, generalmente, tardará un poco más en salir del hospital. Nada más. Y es maravilloso lo que se consigue hoy en día. A todos los padres que tengan que pasar por el trance: ánimo. Es duro, pero hay que mirar la parte positiva: tenemos la suerte de observar el desarrollo de las últimas semanas del embarazo con nuestros bebés delante. Tenemos la suerte de poder abrazarlos mucho antes. Y un niño con abrazos de más será un niño afortunado, sin duda.

 

Seguiremos informando.