Felices lecturas

Escuchando: Bookshop Casanova (The Clientele)

¡Lee!

Feliz Día del Libro a todos. Hoy, como todos los años, intentaré buscar un rato para acercarme a una librería y disfrutar del ambiente entre páginas y lectores. Y seguramente salga de allí con algo entre las manos.

Cualquier excusa vale para sumergirse en la lectura, y da igual que sea en papel o en digital, novela, ensayo o cómic. Siempre es un placer.

Feria del Libro Antiguo

También es un día para comprobar cómo las librerías, sobre todo las pequeñas, se intentan reinventar continuamente buscando la supervivencia (¡ayudemos!), cómo las bibliotecas economizan sus maltrechos presupuestos, y cómo la industria editorial sigue en su huida hacia adelante, achacando todos los problemas del sector a una piratería que acaban promoviendo mediante una oferta digital escasa y abultada de precio. Cuesta aún digerir la compra de una edición digital por un precio superior al de una edición de bolsillo, con IVA de artículo de lujo… sobre todo teniendo en cuenta que lo único que se compra es el derecho a leerlo, pero no a prestarlo, ni a regalarlo, ni a almacenarlo donde queramos. A muchos lectores nos gusta pagar, pero no a cualquier precio.

Feria del Libro Viejo

El papel sigue siendo especial, muy especial. Como el vinilo. Pero eso no es razón para negarse a una adaptación que cada año llega un año más tarde.

Como sean, felices lecturas…

WhatsApp, pagar o no pagar

Escuchando: What’s Up (4 Non Blondes)

logotipo de WhatsApp

Tras la polémica que ha levantado WhatsApp por su decisión de comenzar a cobrar sus servicios a los usuarios de teléfonos con Android, me he animado a escribir estas líneas para exponer mi punto de vista sobre el tema, ya que me afecta directamente: en breve me tocará pasar por caja si quiero seguir usando la aplicación.

Antes de nada, vamos a situarnos. Hace años, cuando en la universidad analizábamos la futura llegada de eso del 3G a los móviles (la conexión a Internet que usamos hoy en la mayoría desde nuestros terminales, con velocidades más que decentes) se pensaba que quizás la videollamada iba a ser la aplicación que animase a todo el mundo a tener un móvil con conexión de alta velocidad. Las llamadas con video iban a ser lo que en inglés se llama la killer application. Lo que todo el mundo va a querer usar. Pero no. Las videollamadas pasaron sin pena ni gloria (ganó la privacidad a la curiosidad), y al cabo de los años la aplicación que ha hecho que todo el mundo pague por tener conexión a Internet en el móvil ha sido la mensajería instantánea. Vamos, el Messenger de toda la vida, llevado al móvil.

En estos casos quien gana no suele ser el mejor, sino el que llega antes. Y WhatsApp supo estar ahí en el momento justo. Puso en el mercado un servicio que funcionaba, que se integraba de manera sencilla con nuestra agenda de contactos, y que se fue extendiendo como la pólvora hasta redefinir el concepto de teléfono inteligente: la gente compraba teléfonos “que tuviesen WhatsApp“, y eso servía para diferenciar un smartphone de un teléfono móvil tradicional. El mercado de los mensajes cortos o SMS se hundió, y lo que antes nos gastábamos en ellos, pasamos a pagarlo en concepto de conexión a Internet móvil. Todo el mundo comenzó a usar WhatsApp, a medida que se iban renovando terminales: no sé cuántas personas habrán comprado algún móvil en el último año sin posibilidad de instalar WhatsApp… pocas, y de perfiles muy concretos (tercera edad, etc.)

Y así nos acostumbramos a que WhatsApp fuese algo que venía “de serie” con nuestros teléfonos. Y era gratis, aunque con letra pequeña. Para los usuarios de teléfono de Apple esa letra pequeña era bastante grande: tenían que pagar por descargar la aplicación: un pago único (y barato, menos de un euro) y listo, servicio gratis de por vida. Para los usuarios de teléfonos con sistema operativo Android el servicio fue gratuito desde el principio (descarga incluida), pero con el aviso de que se trataba de un período de prueba: al cabo de un año habría que pagar una cantidad anual (0,79 €). SIn embargo, pasaba el tiempo, se cumplían los plazos, y WhatsApp los ampliaba sin cobrar. De hecho, dejó de cobrar incluso la descarga a los usuarios de iPhone.

Ahora de repente, a WhatsApp no le salen las cuentas, tiene que comenzar a cobrar lo que siempre avisó que cobraría, y todo es un drama. Son los malos de la película, y sus usuarios se apresuran a buscar una alternativa a su servicio. Pero no tan deprisa: ¿por qué no reflexionar un poco sobre todo esto?

Lo primero: ¿por qué cobra WhatsApp? Es una pregunta con respuesta sencilla: cobra porque ofrece un servicio a cambio. La verdadera pregunta debería ser: ¿por qué no había cobrado hasta ahora? Eso también tiene fácil respuesta: para expandirse, para que nos acostumbrásemos a usarlo, para que se convirtiese en un servicio “imprescindible” en nuestro día a día. Pero mantener algo como WhatsApp tiene muchos gastos: tiene detrás a la gente que ha desarrollado la aplicación, tiene unos servidores que mantienen el servicio y que habrán ido ampliando todo este tiempo (para no venirse abajo en las nocheviejas, por ejemplo)… todo eso cuesta mucho dinero, y no nos lo ofrecen con fines altruistas. Quieren ganar algo con su servicio, es lo lógico. Y una vez que han demostrado lo útil que es, quieren cobrar lo anunciado, una cantidad bastante simbólica: 0,79€ al año (o incluso menos si se pagan varios años por adelantado).

Sinceramente, si la razón que tiene alguien para no pagar es el precio, creo que no hay mucho que discutir. Allá cada uno. Pero vamos, alguien que tiene un teléfono inteligente, o ha pagado una cantidad elevada por su terminal, o está pagando unas respetables cuotas mensuales a su operadora. Así que los 0,79€ al año (menos de 7 céntimos al mes) no creo que sean el problema. Con impuestos, un SMS viene a costar unos 0,10€. Por tanto es el precio de enviar 8 mensajes cortos en todo un año. Irrisorio en comparación con la cantidad de mensajes que intercambiamos vía WhatsApp. Cierto que hay que añadir el precio de la conexión de datos, pero esa se seguirá pagando, con WhatsApp o con cualquier otra alternativa.

Una posible razón para no querer pagar es el miedo a dar el número de nuestra tarjeta de crédito. Un clásico de Internet. No nos cuesta dejarle la VISA a un camarero, pagar con ella en cualquier tienda, dar nuestro número de cuenta a una operadora o a una eléctrica que cada 3 meses nos factura algo mal, pagar en una tienda online china para comprar un cable y ahorrarse 20 céntimos, pero… ¡cómo vamos a meter los datos de nuestra tarjeta de crédito en la plataforma segura de pago de Google! Yo ahí no tengo problema: hace tiempo que tienen mis datos, y así puedo comprar fácilmente aplicaciones para mi móvil. Se trata de un proceso seguro, y si hay algún problema existen mecanismos de reclamación. No debería preocuparnos. Y además tenemos varias opciones para realizar el pago:

Google Wallet, es decir, la pasarela segura de pago de Google para Android. Es cierto que luego nuestra tarjeta quedará almacenada para futuros pagos, pero también es cierto que nos facilitará las siguientes compras. Por cierto: existe un período de unos 15 minutos durante el cual podemos devolver una compra realizada en la tienda de aplicaciones de Google. Vamos, que no será por facilidades.

PayPal: el método de pago más extendido en Internet, un habitual de las compras en eBay, por ejemplo. Por si no queremos que Google tenga nuestros datos bancarios.

En caso de ser clientes de Movistar o Vodafone, también tenemos la opción de que el importe de la compra (esos 0,79€) se sume a nuestra factura de teléfono. No tendremos que hacer más, ni proporcionar más información. Nuestra operadora se encargará (para gustos, a mí no sé qué me da más -o menos- confianza).

Con todo lo anterior, el precio no es un factor decisivo para dejar de usar WhatsApp, en mi opinión. Ahora bien, existen alternativas más completas (la japonesa Line, la española SpotBros, Joyn por parte de las operadoras, ChatOn de Samsung, y un respetable etcétera) y gratuitas en su mayor parte, que pueden influir en la decisión. ¿Es WhatsApp mejor que el resto de aplicaciones? No, posiblemente no. Es más sencilla, pero no tiene llamadas de voz, ni vistosas pegatinas, ni comunicación con personas cercanas, y los aspectos de seguridad y privacidad no están tan claros. Visto así, cambiarse de aplicación sí que parece tener sentido…

Pero cuidado, que las alternativas gratuitas no lo suelen ser tanto. No caigamos en el error de pensar que los servicios de Google, por ejemplo, son gratuitos, cuando no somos los clientes sino el cebo (para su verdadero negocio, el de la publicidad), y los puede cerrar cuando considere que no le vienen bien para sus planes (caso del cierre de Google Reader, muy reciente). Por tanto, si usamos una aplicación gratuita, pensemos por qué lo es: porque disfrutamos de un período de prueba antes de pagar (como en WhatsApp), porque la aplicación incluye publicidad (algo ligeramente molesto y aparentemente inofensivo, pero que puede acabar consumiendo bastante más batería), o porque a la empresa que esté detrás le interese hacerse de una buena colección de datos personales… Vamos, que yo prefiero en ese sentido a WhatsApp, que deja claro que no mete publicidad, pero que necesita ingresos para mantenerse, antes que a otras alternativas que no cobran pero no dejan claro cómo se las arreglarán para mantener el servicio en el futuro.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Habrá gente que deje de usar WhatsApp, algunos se marcharán a Line, otros a SpotBros… y para intentar estar en contacto con todos ellos habrá que llevar instaladas en el teléfono 2 ó 3 aplicaciones de mensajería funcionando a la vez. Ese parece ser el siguiente paso, aunque yo me resisto a pasar por ahí. Estas aplicaciones, bastante pesadas ya (en cuanto a recursos) de por sí, están continuamente funcionando en nuestros teléfonos, a la espera de nuevos mensajes, mostrando notificaciones, avisos… tener varias a la vez puede acabar agotando nuestra batería en mucho menos tiempo, y nuestra paciencia a base de cambiar de una a otra. No, en mi caso seguiré con WhatsApp: para lo que lo uso (en el ámbito familiar, y con un puñado contado de amigos, básicamente) me sobra, y me compensa. Además, si un servicio me resulta útil no me cuesta pagarlo, lo hago ya con la música, las películas, y con unas cuantas aplicaciones. Es lo justo.

Pero esta es sólo mi opinión… los que quieran dejar la suya, tienen los comentarios abiertos. Soy todo oídos.

Seguiremos informando.

Así atardecemos en Cantabria

Atardecer en la bahía

Después de muchos días de frío, viento y lluvias, el pasado fin de semana volvimos a ver el sol en Santander. El sábado tuvimos uno de esos atardeceres que es mejor fotografiar que intentar describir. Y casualmente, yo pasaba por allí.

[OE]La imagen que encabeza estas líneas es una panorámica creada a partir de 9 fotografías verticales, abarcando 180 grados. Se puede ver a un tamaño más generoso en mi cuenta de flickr. Me gusta cómo ha quedado, y eso que fue un experimento rápido, a pulso y sin pensar mucho.

Seguiremos fotografiando…

Recordando Roma

He visitado dos veces la maravillosa y caótica ciudad de Roma. La última de ellas, en 2007 ya, decidí que sus calles y personajes bien merecían un reportaje al viejo estilo: con cámara de película y carrete en blanco y negro. Y de aquella idea salió una colección de fotos a la que tengo mucho cariño, con todas sus imperfecciones, pero con mucho carácter.

[OE]Entre todas aquellas fotografías creo que mi favorita es la que aparece bajo estas líneas, en las escaleras de la Plaza de España. Y con esa imagen y con el resto he montado un pequeño vídeo que resume aquellos paseos por calles y callejuelas, entre turistas, devotos y lugareños, con mi Nikon F70 en la mano.

Sombras

Habrá que volver algún día. Seguiremos fotografiando.

Descubriendo besos apasionados

Beso en la playa de Ginebra

Se me acumulan las fotografías pendientes de revisar de vacaciones y conciertos. Hoy he dedicado un rato a las del viaje por Suiza, y una de las imágenes venía con sorpresa…

[OE]De entre las fotografías que tomé durante un corto paseo en barco por los alrededores de Ginebra, encontré una de lo que llaman allí la “playa“, un espigón en medio del lago con algo de arena y un faro en el extremo. La foto había quedado muy oscura, y cuando me he puesto a aclararla, he descubierto a una pareja huyendo del bullicio de los baños y los chapoteos. Es curioso descubrir besos apasionados y ajenos al revisar las fotos de hace meses… ¿se trataría de un amor de verano?

Seguiremos fotografiando…

Mis 12 meses, mis 12 fotografías (IX)

Resumen de 2012

Apurando las últimas horas del año que termina, aquí está mi ya habitual resumen en fotografías, una por mes. Y como siempre, con un poco de todo: conciertos, algún viaje, manifestaciones -cada vez más-, alguna escena curiosa y muchas más fotos en el tintero. Este año he disparado algo menos (unas 8600 fotografías), pero ha dejado, sin duda, grandes recuerdos.

Como siempre digo, las mejores fotos son las que nos quedan por hacer. Y espero que en 2013 no falten ocasiones. Será un año complicado, pero también lleno de pequeños y grandes retos. ¡Feliz año nuevo a todos!

[OE]Seguiremos fotografiando.

Felices fiestas

Escuchando: Villancico para mi cuñado Fernando (Love of Lesbian)

felices fiestas

Seguir buscando pequeñas ilusiones día a día, y no perder nunca el optimismo: esos son mis propósitos para el año 2013. ¿Los compartimos?

Felices Fiestas

Para los curiosos: he preparado una página donde explico trucos que he utilizado en la fotografía de esta postal. Además, se pueden descargar algunos fondos de pantalla y recordar mis postales de años anteriores 🙂

PD: Tipografía Hommage à Escher v2 por Tibor Lantos

Santander en huelga

Huelga 14N en Santander

Esta mañana he estado dando un paseo con la cámara por el centro de Santander, a ver cómo se iba desarrollando la jornada de huelga. Como en ocasiones anteriores, el seguimiento en el comercio es desigual, la mayoría de establecimientos estaban abiertos, y cerraban ocasionalmente al paso de piquetes y demás. Mucha pegatina, mucha pintada, y mucha gente por la calle aprovechando también el día de sol.

Huelga 14N en Santander

[OE]Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

A las 12 comenzaba también la manifestación por la defensa de la Educación Pública, bastante concurrida (unas 3000 personas, por lo que he leído después).

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Por aquí dejo algunas instantáneas del ambiente y los detalles que me he encontrado.

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Huelga 14N en Santander

Seguiremos fotografiando…

Presentación de El Águila y la Lambda

Pedro Santamaría

El pasado miércoles, un buen amigo estuvo presentando su nueva novela histórica –El Águila y la Lambda– en la librería Estvdio de Santander, en concreto en un espacio recién inaugurado llamado “La V“. A riesgo de parecer poco objetivo, me atrevo a recomendar este libro, tanto como el anterior (Okela). Sea uno habitual del género o no, son libros que atrapan. Pero no he venido aquí a hablar de su libro (bueno,m también), sino de mis fotos

[OE]Tengo cámara nueva desde hace un par de semanas, y aunque aún sigo acostumbrándome a sus peculariedades, esta presentación literaria fue mi primera experiencia real con ella. Promete. Y las fotos han debido de gustar, porque ya han aparecido en entrevistas, páginas del autor y de la librería…

Aquí queda una de ellas, también, como recuerdo de aquella tarde. Y no olviden este nombre: Pedro Santamaría; búsquenlo en su librería.

Seguiremos fotografiando.

El gran Javier Bergia

Escuchando: Melancolía (Javier Bergia)

Javier Bergia

El pasado viernes estuve en concierto de Javier Bergia. Una vez más. Como tantos, descubrí las canciones de este cantautor madrileño gracias a Ismael Serrano: es el batería y percusionista de su banda. Pero Javier es mucho más que eso: es un artista con una larga discografía repleta de temas que merece la pena rescatar… especialmente en directo. Sus conciertos son siempre recomendables, da igual que siempre repita las mismas anécdotas, los mismos chistes… uno no se cansa de escuchar cómo construyó su especiero, o cómo estuvo horas intentando escapar de una interminable versión de Let It Be en un granero. Por ejemplo.

Este último concierto fue en la taberna Malevo, en Riocorvo, aunque por tierras cántabras es más fácil encontrarlo en su rincón favorito de Santander, el bar Rubicón. Allí es fácil que entre chascarrillos, canciones y amigos olvidemos mirar el reloj durante varias horas. Y saldremos canturreando estribillos como el de Alhambra o Melancolía. O quizás algún tema de otro cantautor que nos haya descubierto, como A cántaros de Pablo Guerrero.

Y ya está. Como suele añadir él, tras una parrafada entre canción y canción en la que pierde y recupera hilos varias veces: ya lo he dicho todo.

Seguiremos informando.