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[ cajón de sastre ]

24 de agosto de 2010 - 14:58

Escuchando: "Upstairs in my house" (Men at work)

Estado de la reforma

A pesar del aspecto de escombrera que presenta actualmente, y de los retrasos que agosto impone, nos siguen asegurando que la reforma de nuestro piso terminará puntualmente. Si es así, ya ha pasado el ecuador de la espera. Algo más se retrasará la cosa, seguro, y seguiremos pasando el rato buscando el sofá adecuado o el colchón perfecto, optimizando la distribución de la cocina o completando la lista de la compra en Ikea. Nuevas aficiones para nuevos tiempos.

Seguiremos informando.

[ sonidos y ruidos ]

18 de agosto de 2010 - 11:56

Escuchando: "Allí donde solíamos gritar" (Love of Lesbian)

Zapatillas

Este fin de semana terminé la escapada vacacional en Aranda de Duero, en el Sonorama, un festival del que guardaba muy buen recuerdo: fue allí, hace dos años, cuando conseguí ver en directo por primera vez a Love of Lesbian, acompañado además por mi vecina del ártico. En aquella ocasión tocaron en el escenario pequeño; este año han vuelto a tocar, pero en el grande y como cabezas de cartel.

El Sonorama es uno de esos festivales pequeños (unas 13000 almas se calcula que pululaban por allí) y entrañables que merece la pena visitar. No sólo por lo musical, sino por todo lo que lo rodea. Los gafapastas toman el pueblo al asalto, y los lugareños los reciben con los brazos abiertos (señoras que se toman el café en la plaza durante los conciertos matutinos, o desayunos en cafeterías a ritmo de Primal Scream pueden ser buenos ejemplos).

Sonorama

Además, el festival no incluye sólo los conciertos en el recinto en sí. Por la mañana la mitad de las plazas de Aranda tienen algún directo (este año, Red Bull plantó un camión y un Hummer transformados en escenarios), hay catas de vinos, almuerzos en las bodegas, entrada a las piscinas municipales... El pueblo se transforma durante tres días.

En lo musical ha habido de todo, al menos de lo que hemos visto (hay demasiada oferta y muy pocas horas). Tachenko con su cambio de día fue de los primero que disfrutamos. Los conciertos mañaneros de Nixon y The New Raemon estuvieron muy bien, The Sounds hicieron bailar a todo el mundo a base de macarrismo, Standstill y Nudozurdo pusieron las aristas (geniales, los dos), descubrí a grupos que conocía sólo de oídas (The Pains Of Being Pure At Heart, LA, Niño y Pistola...), Maga sacaron mucho brillo a sus canciones al atardecer, Sidonie aparecieron más centrados que en Santander, Lori Meyers demostraron que cualquier disco pasado fue mejor, y Love of Lesbian dieron un concierto serio como pocos, para ser ellos, con mal sonido, como suele ser habitual, grandes canciones y un final austero (ni Houston, ni Shiwa, ni Marlanne) pero con coreografía, al menos.

Estereotypo en el Sonorama

Eso sí, si me tengo que quedar con un concierto, barro para casa y no creo que nadie me lo discuta. Los cántabros Estereotypo tenían la responsabilidad de llenar el hueco entre Los Planetas (a los que no hice mucho caso) y los lesbianos. Y vaya si lo hicieron. Salieron a la palestra vestidos de tenistas setenteros, lanzaron algunas bolas al público como calentamiento, y dispararon un temazo tras otro haciendo bailar hasta al más soso. Conciertazo de los de recordar durante mucho tiempo... ¡bravo!

Tres días con mucha música, lechazo, y cansancio acumulado hacen que uno note los años, hay que reconocerlo. También influye que cada vez me identifico menos con las monumentales borracheras y el mamoneo que todo festival lleva asociado: hay demasiada gente que va a dejarse ver, más que a escuchar. Con todo, un gran festival, no hay que descartar reincidir en próximas ediciones...

Seguiremos informando

[ cajón de sastre ]

16 de agosto de 2010 - 12:01

Escuchando: "Looking for the Sun" (Niño y Pistola)

La Rápita

Por segundo año consecutivo nos hemos esforzado en crear una tradición: aprovechando la invitación de unos amigos hemos desconectado perdiéndonos en el Delta del Ebro, disfrutando de las aguas tranquilas del mediterráneo, del sol, del calor y de la gastronomía local.

Un trabajo duro, pero alguien tenía que hacerlo.

Esperamos poder repetir, aunque sigamos cumpliendo con otras tradiciones: la de sufrir alguna que otra tormenta veraniega.

De vuelta en la tierruca, el lunes al menos saluda con sol. Seguiremos informando.

[ capturado ]

2 de agosto de 2010 - 15:18

Escuchando: "Rain King" (Counting Crows)

Lluvia

Terminada la Semana Grande, comienza agosto con lluvia en Santander...

Seguiremos informando.

[ sonidos y ruidos ]

29 de julio de 2010 - 18:30

Escuchando: "The boy with the arab strap" (Belle & Sebastian)

Amstel Music

El pasado fin de semana estuve en el festival Santander Amstel Music que se celebró en la Campa de La Magdalena de nuestra ciudad. Una sobredosis musical que me dejó un sabor agridulce, hubo un poco de todo.

No pude ir a la fiesta de presentación del jueves (¿qué pintaba una banda como We Are Standard en sala pequeña, por cierto?) por lo que me uní al festival el viernes, cuando comenzaba a celebrarse al aire libre.

La primera sorpresa vino a la hora entrar y conseguir la correspondiente pulsera. Cuatro personas se encargaron del proceso: una me cogió la entrada, otra me entregó la pulsera, la siguente me la colocó en la muñeca y la última apretó el cierre, esto último con tan poca maña que la pulsera quedó tan suelta que podría haberla sacado sin problemas. En fin.

Ya en el interior, breve reconocimiento de la zona. Dos escenarios totalmente descompensados, como el año pasado (uno gigante, otro verbenero). Muy pocos baños (poco más de una decena de casetas), barras suficientes y precios muy baratos para la cerveza. La comida, ni idea: tiramos de bocadillo metido de extraperlo (no dejaban meter comida a pesar de que en las entradas yo no vi ni una palabra sobre ello) porque los bocatas del año pasado fueron infames.

Zona VIP

Quizás lo más destacable de este año haya sido la importancia de la zona VIP. Y sobre todo, mi sorpresa al comprobar que las invitaciones VIP se vendían, a 85 €. Pensaba que este tipo de entradas estaban reservadas a amigos, autoridades o celebridades, pero no: en esta ocasión cualquiera podía optar a codearse con lo mejor de lo mejor, por un módico precio y con barra libre incluida. Además, la organización ha mantenido el pequeño caos del año pasado con las entradas: varios precios distintos dependiendo de dónde se comprasen, ofertas, sorteos y muchas invitaciones (al final casi todos los amigos que saludé se habían hecho con un pase VIP).

Estas personas tan importantes tuvieron, parece ser, un trato curioso: tenían acceso a la zona VIP, pero no a la de los conciertos (¿cómo?), donde era necesaria una entrada estándar para poder entrar. Bebida y comida gratis, baños limpios, pero los conciertos los tenían que ver desde la distancia sin mezclarse con el populacho. Luego me enteré de otra vuelta de tuerca al sistema: sí que podían ver los conciertos de cerca, gracias a que tenían acceso al Golden Circle. ¿Al qué? Pues al foso de los fotógrafos, con otro nombre más pomposo. Yo estuve de soldado raso, pero los compañeros que estuvieron haciendo fotos en el festival se hartaron de abrirse paso a codazos entre VIPs (cada vez más) borrachos. Lamentable.

Sobra decir que en Santander, ciudad del qué dirán y del dejarse ver por excelencia, esto de la zona VIP tuvo mucho éxito. La música siempre pasa a segundo plano cuando a uno le pueden ver fardando algunos miles de personas.

Yo en cambio iba allí por la música, con mi entrada comprada y mis ganas de ver a los Belle & Sebastian, que fueron lo mejor de los dos días, con un concierto maravilloso en el que terminó bailando en el escenario el amigo Patrullero. Se me hizo corto, y el sonido estaba demasiado bajo (tuve que acercarme a pie de escenario para oír más la música que el barullo de la gente), esas fueron las dos únicas pegas que encontré.

Zapatillas

En la primera jornada tocaron rambién Delafé y Las Flores Azules (me pasa como con sus discos, están bien para tener de fondo), The Wave Pictures (bien, sin más), Delorean (el escenario pequeño se les quedaba ídem), y me perdí a Vive La Féte (no hice mal, por lo que me contaron). Cerraron pinchando Plastic Addict, que no habían podido hacerlo a primera hora porque la orgainización no les había conseguido el aquipo (y teniendo un par de bares de su propiedad a tiro de piedra, vuelvo a tener que decirlo: lamentable).

El sábado comenzó pinchando Patrullero mientras la gente iba llegando al recinto, hasta que La Habitación Roja inundó la campa con su música. Y digo bien: el sonido estaba brutalmente alto, embarullando todos los matices. Hay gente que dice que sonó perfecto, no sé dónde. El repertorio y el grupo estuvieron geniales, eso sí. Después tocaron Dorian, sin sorpresas (salvo las desagradables: por un fallo de tensión en el escenario tuvieron un parón a mitad de actuación). Festivaleros, pero demasiado oídos ya antes de empezar. Siguieron en el escenario grande White Lies, que dieron un conciertazo con sonido perfecto (esta vez sí) a pesar de no aportar nada nuevo (son clones de Editors, que tampoco es que sean muy originales).

La Habitación Roja

Sidonie fueron los siguientes. Llegaron tarde, sin probar y sin importarles nada una mierda. Un concierto imperfecto, sucio y arrabalero que metió a la gente en el bolsillo, pero que no me terminó de convencer. Cerraron el festival The Dandy Warhols; escuché tres o cuatro canciones mientras enfilábamos la salida, y me aburrieron lo suficiente como para no arrepentirme de abandonar el festival.

¿Conclusiones? Mucho mamoneo, pocos conciertos destacables, fallos de organización de principiantes junto a unos cuantos aciertos: salvo el retraso de Sidonie, todo fue con puntualidad británica, no había colas en las barras y la bebida estaba barata. Como es habitual, Santander responde mal ante estos eventos. 13500 personas pasaron por allí, según la organización: 7500 y 6000 cada día. Me río yo de estos cálculos, en parte porque mucha gente repite los dos días y se la cuenta doble, y en parte porque allí no había tante gente, a no ser que estuviesen hacinados en la zona VIP. Que visto lo visto, también hubiera podido ser.

A ver si para el año que viene van puliendo la propuesta y salgo de allí más convencido. Esta año me he quedado a medias.

Seguiremos informando.

25 de julio de 2010 - 19:36

Escuchando: "Virtuality" (Rush)

Captura de pantalla

El viernes comenzaron las fiestas en Santander, su Semana Grande, y con ella uno de los acontecimientos más esperados desde hace un par de años: la apertura de las casetas repartidas por toda la ciudad, que siempre consiguen sacar a todos a la calle para disfrutar de sus pinchos.

Este año aporto mi granito de arena friki para disfrutar de la selección de pinchos: hace un rato he publicado una capa para el programa Layar, con toda la información de las casetas.

¿Qué es Layar y para qué sirve? Se trata de un programa gratuito para móviles Android e iPhone (lo siento por los demás, de momento es lo que hay) que ofrece capas de realidad aumentada. ¿Mande? ¿Realidad aumentada? Sí, un nombre un poco pomposo para algo muy sencillo y muy divertido: se usa la cámara del móvil y el GPS para orientarnos, y el programa superpone en la imagen que vemos en la pantalla información adicional, en este caso sobre las casetas de pinchos.

Ejemplos prácticos: ¿cuáles son las casetas más cercanas? ¿qué pinchos ofrecen en la siguiente zonas de casetas? ¿cómo puedo llegar a una caseta en la que tengan alguna brocheta? ¿qué casetas están a menos de 200 metros? ¿qué ofrecen en la caseta de El Pícaro, por ejemplo? Todo esto se puede averiguar rápidamente gracias a Layar y a mi capa. Y si no sabemos cómo llegar, el programa ofrece indicaciones gracias a Google Maps.

Para usarlo, sólo hace falta instalarse el programa Layar (desde el Android Market o desde la App Store, gratis en ambos casos). Una vez instalado, hay que buscar y cargar la capa "casetas2010", o directamente buscar capas locales y aparece ahí. Y con eso conseguido ya sólo queda jugar un poco. Tenemos una especie de radar en pantalla que nos indica dónde hay algo interesante, y podemos realizar búsquedas o limitarlas por distancia.

Que sí, que es friki, ya lo sé. Pero ha sido un ejercicio de estilo, y si alguien lo encuentra útil, pues genial. Se agradecerán comentarios y sugerencias si alguien lo utiliza. Es una ocasión como otra cualquiera de fardar de móvil, de usar el GPS que nunca encendemos (aunque sin él Layar también se orienta razonablemente bien) y de no perdernos ni un sólo pincho.

Con el móvil o sin él, estamos en fiestas… ¡nos vemos en las calles!


[ sonidos y ruidos ]

23 de julio de 2010 - 16:04

Escuchando: "If you're feeling sinister" (Belle & Sebastian)

Belle & Sebastian

Hoy comienza en Santander la Semana Grande, a lo ídem: el festival de la Campa de la Magdalena tiene como protagonistas a Belle & Sebastian, ni más ni menos. Curiosamente hoy, me he enterado de que acaba de morir la autora de los cuentos de los que el grupo tomó el nombre.

Todavía recuerdo cuando un amigo de Erasmus en Leeds me habló de esta banda, hace muchos años; era la música que usaban para animarse los días más grises. Tiempo después los vi en concierto en el Summercase, el directo más buenrrollista en el que he estado nunca. Hoy tocan aquí, en casa, y perdérselo debería estar prohibido. Podremos disfrutar de joyas como ésta...



Avisados quedan. Seguiremos informando...

[ universo privado ]

22 de julio de 2010 - 12:03

Escuchando: "Our House" (Madness)

nueva casa

Ayer fue uno de esos días que pasan volando; uno se despierta con normalidad y termina el día con una hipoteca, ahí es nada. Cosas de mayores. Ya hacía tiempo que buscábamos piso, sin prisa ni pausa, pero en los últimos meses todo se había acelerado, para frenarse al final y terminar en un sprint que tuvo ayer como meta una notaría.

Buscar piso es una experiencia muy peculiar, sobre todo si se puede hacer con calma y sin una necesidad apremiante. Desde un principio decidimos acotar mucho la búsqueda: nos gusta la zona en la que vivimos ahora, queríamos (sí o sí) tener ascensor, no estar agobiados de espacio, toda la luz posible… y un precio razonable. Con esos criterios comenzamos a peinar la zona y descubrimos que tampoco había mucho donde elegir. Poca construcción nueva hay en el centro de Santander, y la mayoría de las casas demuestran sus años con portales poco accesibles y sin ascensor. Las que lo tienen, lo tienen de oro (o similar) y lo reflejan en su precio.

Y por supuesto, a la gente le cuesta mucho bajarse del guindo. A pesar de cómo está el patio, se siguen pidiendo auténticas barbaridades por pisos que se caen a pedazos.

No voy a decir que hayamos visitado muchísimos pisos. Sí unos cuantos, dentro de nuestro presupuesto y algo por encima (negociar siempre es una opción a tener en cuenta). Pisos de 60 metros cuadrados con tres mini-habitaciones, zulos con poca luz, pisos con mosaicos en el suelo, áticos agaterados hasta el infinito y más allá en los que en la mitad de los metros ni mis sobrinos podrían ponerse en pie, propietarios que echan pestes de las tiendas de los chinos del barrio, agentes inmobiliarios (que hemos evitado en la medida de los posible) que hablan más de la cuenta, la tristeza que produce visitar un piso procedente de embargo… ha habido un poco de todo.

Sólo dos pisos, en cerca de un año de búsqueda, han conseguido que se nos despierte el interés: encajaban en el presupuesto y nos imaginábamos viviendo allí. En el resto de los casos, ni con imaginación parecía buena idea.

El primero de ellos tenía una orientación privilegiada, aunque no nos convencía la distribución. Fue por entonces cuando nos animamos a incorporar un factor que habíamos evitado: la reforma, a lo grande. Y descubrimos, gracias a un buen contacto, que no es tan costoso ni tan complicado como se pueda pensar. Al menos sobre el papel. Este primer piso quedó descartado, por falta de metros. Una vez puestos a encajar nuestros trastos, estábamos encajonados desde el día cero. Lo desechamos, a pesar de que era muy barato (y más que lo fue tras nuestra negativa) pero hicimos bien: aparte de ser pequeño, se salía un poco de la zona, el portal no convencía, y a la larga iba a tener vistas mucho menos despejadas. Sirvió, eso sí, para que nos centrásemos y supiésemos mucho mejor lo que buscábamos.

Ampliando un poco el presupuesto, acabamos llamando de nuevo al primer piso con el que iniciamos el proceso. En su momento tenía un precio tan disparatado que ni lo visitamos (y eso que, nos decían, ya lo habían bajado unos siete millones de las antiguas pesetas). Un año después, había bajado lo suficiente para empezar a planteárselo. Una primera visita a la casa nos dejó ilusionados, y una negociación con los propietarios acabó con una rebaja de casi un 27% del precio de unos meses atrás (y un 36% sobre el precio con el que comenzaron).

Tras hablar con nuestro contacto, y zanjar un presupuesto para la reforma necesaria (en este caso, bastante importante) conseguimos cuadrarlo todo, se concretó y firmamos un contrato de arras hace casi dos meses. Después todo se retrasó: los propietarios (gente de palabra… la palabra "quizá", en concreto) han estado hasta hace una semana poniendo en regla todos sus papeles, y mientras nosotros nos comíamos las uñas porque teníamos que hacer malabares para mantener en su sitio todas las piezas de nuestro puzzle: reforma, licencia de obra, el mes de agosto -en el que todo se para- acechando, hipoteca, tasación, alquiler actual… Llegó un momento en el que parecía que todo se torcía, e incluso encontramos al ganador absoluto del premio al empleado de banca gilipollas. Uno se acaba desanimando cuando comprueba lo mal que puede trabajar la gente.

Al final el viernes pasado se desbloqueó toda la burocracia pendiente, y en tiempo record (porque a pesaos no nos gana nadie) conseguimos reunirnos todos en la notaría ayer, en una firma con algún tinte surrealista (si no, no seríamos nosotros).

Cinco minutos después de firmar estábamos llamando para poner en marcha las obras de la reforma, que dentro de dos meses dejarán la casa como nueva, esperamos. Todo ello, despreocupándonos, sin vivir allí aún, y dejándolo en manos de nuestro aparejador. Cuando terminen, mudanza y a estrenar casa. De momento, el verano lo pasaremos disfrutando de la actual, y de su terracita (que será lo único que echaremos de menos después, seguramente)

Nos quedan dos meses ahora para buscar muebles (y cocina, y electrodomésticos…), simular en el ordenador (sí, somos así) y hacernos a la idea de que tenemos casa e hipoteca como los mayores. Pero a nuestra manera, claro.

No puedo terminar sin agradecer a un montón de gente que nos ha ayudado en todo este proceso, aunque suene a discurso de entrega de premios: a la famila por mil motivos, a las chicas de la notaría porque lo han hecho todo mucho más fácil (a pesar de ser ingenieros), al amigo que nos puso en la pista de nuestra hipoteca (de las más baratas que han firmado en la notaría en mucho tiempo, nos dicen), a nuestro contacto campechano en el banco (una pena que haya estado de vacaciones a última hora), a ella por ser la mejor compañera en esta aventura, y a nuestros futuros vecinos por la paciencia: la próxima semana irán los obreros con los mazos.

Hipotecados, sí. Pero seguiremos informando.

[ universo privado ]

19 de julio de 2010 - 18:34

Escuchando: "See the Moon" (Lazy)

Luna

La Luna es una mentirosa: cuando nos muestra una C, decrece; cuando enseña una D, está creciente, como ayer, como las ganas, como los nervios.

Seguiremos informando.

[ ojo espejo ]

12 de julio de 2010 - 13:34

Santander durante la final del Mundial

Ayer tenía ganas de ver la final del mundial, pero también de pasearme por mi ciudad durante el partido, estaba seguro de el país se iba a paralizar y quería tener alguna fotografía de recuerdo de ese momento.

Santander durante la final del Mundial

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