El peso de las circunstancias

Escuchando: Roll the bones (Rush)

Ayer por la tarde se desplomó un andamio en Santander, arrastrando un par de balcones en su caída. Increíble y afortunadamente, a pesar de la cantidad de gente que pasa por esa esquina (yo mismo, dos o tres veces al día) no había nadie debajo en el momento del accidente.

Por una vez, una ínfima probabilidad se ha cumplido. Menos mal. Vaya susto.

Seguiremos informando.

Desencanto histórico

Escuchando: Tired (K’s Choice)

Está terminando un fin de semana extraño, cansado, sin grandes penas pero sin mayores glorias. Algunos planes esperados con ilusión han salido del revés, y eso siempre es una lástima.

La fiesta de las Guerras Cántabras, por ejemplo. El viernes nos dejamos caer por la localidad cántabra en la que se representan las batallas entre romanos y cántabros, convertidas en fiestas a las que tengo especial aprecio: hace dos años me acerqué por primera vez, y me llevé dos premios; bien distintos.

Este año todo había cambiado de ubicación, estaba más desorganizado, más soso; yo anduve falto de inspiración con la cámara, cansado, y un poco aburrido después del primer paseo de reconocimiento. Lo mejor de la noche fue estar con el miembro más pequeño de la pandilla. Lo peor: la vuelta a casa en la que el coche decidió romperse en medio de la nada… hay que ser positivos: nunca había montado en una grúa, ¡cómo molan, con tantos botones y lucecitas!

El sábado, la actividad histórica de la jornada consistió en una visita al Mercado Medieval de Santander. Desde hace años me acerco, con la cámara siempre a mano, al barullo y tumulto de tenderetes siempre pintorescos. Este año, por obras, ligero cambio de ubicación también. El resultado fue un agobio monumental de gente, imposibilidad de hacer movimientos contra la corriente, y unas ganas increíbles de salir de allí.

Hoy domingo me he dejado de Historia, y he pasado la tarde en un campo de batalla más agradable y más actual: un cumpleaños infantil. Y así se ha ido terminando este fin de semana, y con él un verano que se ha ido apagando poco a poco.

Seguiremos informando.

Pisto en la gran pantalla

Escuchando: The racing rats (Editors)

Ayer, con la misma ilusión que el resto de niños en la sala, fui a ver Ratatouille, la nueva película de los estudios Pixar. Qué decir. Soy poco objetivo con ellos: desde las primeras aventuras de Woody y Buzz devoro sus películas, que he visto infinidad de veces. Ninguna me ha defraudado; la de ayer no ha sido la excepción. Una historia entretenida, un guión trabajado, y una realización técnica de quitar el hipo. Lejos queda ya aquella persecución de juguete de Toy Story. Ahora, las escenas callejeras por París son -aún más- un festín para la vista.

Una película recomendable de principio a fin, incluyendo su prólogo: el cortometraje Abducido, divertidísimo. Otro clásico que añadir a su filmografía.

A ver si llega ya WALL-E

Septiembre

Escuchando: A return to the sea (Piano Magic)

-Abríguese, viejo -dijo el muchacho-. Recuerde que estamos en septiembre.

-El mes en que vienen los grandes peces -dijo el viejo-. En mayo cualquiera es pescador.

Políticamente incorrecto

Escuchando: Yes it’s fucking political (Skunk Anansie)

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.
(Groucho Marx)

Expongo lo antecedente en tono «colérico», dos puntos por encima de «firme» y dos por debajo de «como un energúmeno».
(Horacio Dos)

Seguiremos informando.

Actualización: tres puntos por encima de «firme» y uno por debajo de «como un energúmeno». Y subiendo.

Habrá que tomar medidas

Escuchando: The scale (Interpol)

El título que encabeza estas líneas bien podría referirse a un lamentable suceso acaecido ayer, que hizo que se me hinchase la vena, y me generó un dolor de cabeza, un encabronamiento y una tristeza dignas de esta mención. He prometido dejar el tema a un lado, no dedicarle palabras aquí, y así lo haré. De momento. Hay cosas demasiado injustas para dejarlas pasar, para callarse, para no señalar con el dedo.

Pero voy a hablar de otras medidas. De las literales. Acción y efecto de medir, RAE dixit. Ayer estuve echando un vistazo a unas paredes. No a unas cualesquiera: serán las que soporten mi próxima exposición fotográfica. Tras la experencia (grata, a pesar de todo) del año pasado, me han propuesto participar en un proyecto con el que estoy absolutamente ilusionado.

Todo se está haciando con calma, con previsión, con mimo, con muy buen gusto. La exposición formará parte de algo más grande, algo muy bonito que va a ocurrir en esta ciudad (y no sólo en ella) en diciembre. A principios. En el puente. Iré desvelando más detalles a medida que todo esté atado y bien atado: todo a su debido tiempo.

Hay algo que tengo muy claro: la oportunidad de exponer mis fotografías allí, pocas veces la voy a tener. No pienso desaprovecharla.

Seguiremos informando.

PD: Ah, y felicidades a mi vecina del ártico. Claro.

Cómo me retiraría con cinco millones de euros

Escuchando: If I had 1,000,000 dollars (Barenaked Ladies)

Después de algunos días de emisión intermitente debido a un cambio de servidor (ahora ya debería funcionar todo, no como antes sino mucho mejor), retomo la temporalmente abandonada tarea de actualizar este rincón, comenzando por los deberes pendientes. Y uno de ellos es recoger el testigo lanzado por Bruno, y contestar a la pregunta: ¿cómo te retirarías con cinco millones de euros?

Eso es mucho dinero. A poco interés que se pueda sacar de ello, si se invierte con un poco de cabeza, podría darme mensualmente -quitando impuestos, etcétera- más de lo que pueda necesitar. Ese sería mi primer paso: con los intereses empezaría por lo básico: una casa (nada de mansiones, algo sencillo). Con esa necesidad cubierta, mi mal llamado retiro consistiría en seguir trabajando (no me imagino ocioso), pero sin preocupaciones monetarias. No es mal plan.

¿Y cómo trabajaría? Mucho más tranquilo. ¿Dónde? Viajando, por qué no. No pararía de viajar. ¿En qué trabajaría? Por un lado me gustaría dar rienda suelta a muchas ideas que se me pasan por la cabeza, y por falta de medios y/o tiempo, se quedan en el tintero… Idearía un proyecto, buscaría a gente para realizarlo, y cuando estuviese en marcha, vuelta a empezar. Por otro lado, creo que sin preocupaciones, con la posibilidad de viajar, y con una Nikon D300 (algún capricho había que darse, ¿no?) dedicaría mucho tiempo a la fotografía.

Y si llego a vejete, trabajaría menos, leería más, y disfrutaría de la vida. Y seguiría pinchando los viernes en el Metropole.

Seguiremos soñando.

PD: No le paso el testigo a nadie. Señalar con el dedo es de mala educación. Si alguien quiere responder a la pregunta, eso sí, que se sienta libre de hacerlo.

El mundo de las diez mil cosas

Escuchando: To wish impossible things (The Cure)

Todo un lujo: exposición de Chema Madoz en Miengo (Cantabria), en una pequeña sala (pero de exquisita programación, por lo que veo) de su ayuntamiento. Canapés, vino, sus siempre asombrosas fotografías, y el mismo Madoz de invitado. Insisto: todo un lujo. Como el catálogo de la muestra, un precioso volumen con las fotografías para llevarse de recuerdo.

Si luego se lo pierden, que no sea porque no les aviso. Ea.

Sala Robayera, Miengo.
Del 18 de agosto al 15 de septiembre.
Entrada gratuita.
De martes a sábado de 19 a 21 horas.
Domingos de 12 a 14 horas. Lunes cerrado.

Seguiremos informando.

Lo puedo dejar cuando quiera

Escuchando: Not an addict (K’s Choice)

Pero no quiero. Hoy hace un año que probé a comprar una cuenta de pago de Flickr. 365 días después, soy adicto a esa página gracias a la cual publico, comparto y descubro fotografías.

Hoy, con más de 1300 fotos publicadas, más de 12000 visitas y casi 150 amigos, he renovado mi suscripción. Sé que es dinero (no mucho, además) bien invertido.

Por si queda alguien aún sin una cuenta en Flickr: pruébenlo. Es gratis.

Seguiremos publicando.

PD: ¡Por fin he terminado de seleccionar y publicar las fotos del Summercase!