Conciertos por todo lo ancho

Escuchando: As Heaven is wide (Garbage)

Hace unos días expuse una serie de fotografías de conciertos, y una de las imágenes que más llamó la atención fue la que encabeza estas líneas. Como no me dedico exclusivamente a esto de fotografiar directos, mi equipo no es muy especializado. Mi compañero habitual suele ser un minúsculo objetivo de 50mm (al que algún día dedicaré unas líneas, se lo merece), que se ve más pequeño aún al lado de los carísimos tele-objetivos de muchos fotógrafos profesionales de conciertos. Con esta foto, sin embargo, usé un objetivo zoom en su posición más angular para conseguir un plano general del escenario.

Aunque muchas veces la primera imagen que nos venga a la cabeza al pensar en fotografía de conciertos sea un primer plano o un plano medio del artista sobre el escenario, jugar con objetivos más angulares es muy divertido y ofrece resultados, muchas veces, muy originales. Recientemente tuve la ocasión de fotografiar algunos conciertos teniendo a mano mi gran angular, así que aprovecharé para usarlas como ejemplos de lo que se puede conseguir a pie de escenario con una visión más amplia.

Empecemos por un rápido repaso, por si acaso: un objetivo angular es aquel que, en palabras llanas, nos ofrece una visión muy amplia de lo que tenemos delante. Así como un tele-objetivo se centra en mostrarnos al detalle una reducida zona de nuestro campo visual, un angular nos ofrece una panorámica de lo que nos rodea. El ejemplo extremo es un ojo de pez, que nos ofrece una visión de 180 grados. Mi gran angular no llega a tanto (y casi se agradece, porque las distorsiones excesivas cansan) pero sus 12mm (convertidos en 18mm al usarla en mi Nikon digital) son más que suficientes.

Las fotos que voy a utilizar como ejemplo están tomadas en teatros, en los que el escenario no está muy elevado. Esto me facilitó la tarea, ya que en algunas de ellas pude apoyar la cámara sobre el borde del mismo, así como inclinarme hacia él en los laterales.

El uso más obvio de un objetivo de estas características es el de captar una visión general del escenario a pie del mismo. Con separarse unos pocos pasos de su borde, se podrá obtener el encuadre deseado.

Sin embargo, las fotos más divertidas con un objetivo angular son aquellas en las que nos aproximamos a algún elemento de la escena. Con un tele-objetivo, los objetos lejanos parecen estar más cerca unos de otros; con un angular, en cambio, se produce el curioso efecto de que los objetos cercanos los vemos con un tamaño considerable, mientras que los lejanos aparecen más alejados aún. Así, si nos centramos en la pedalera de un guitarrista, y captamos su pie acercándose a nuestro objetivo, se obtendrá una resultado muy llamativo.

De la misma forma, y por esa razón, al realizar un plano contrapicado (de abajo hacia arriba), el sujeto aparecerá mucho más alto que en la realidad, con unas piernas de considerable tamaño y la cabeza perdiéndose en las alturas.

Por último, estos objetivos ofrecen un gran ángulo de visión que no sólo se puede aprovechar para visiones frontales del escenario: una imagen captada desde un lateral, acercándonos todo lo posible al borde del escenario, dará como resultado el efecto de estar tomando la foto encima del mismo, junto a los artistas.

En definitiva, este tipo de objetivos en un concierto nos permite obtener imágenes originales y llamativas. Sólo tienen un inconveniente: ¡hay que acercarse mucho a la acción para disparar!

Seguiremos fotografiando.

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