La caja de música que vino del frío

Escuchando: Hufupukar (Sigur Rós)

El lunes por la noche estuve viendo a Sigur Rós en directo, en un teatro de Gran Vía.

Desde que descubrí sus discos, su música se convirtió en el acompañamiento perfecto para días en los que se busca un acompañamiento perfecto. Y siempre los escuché como Sigur Rós, sin más: nunca me preocupé por saber si era una banda de diez personas, o de una sola con un ordenador. Nunca investigué si lo que oía era una voz natural, sintetizada, si los instrumentos que sonaban eran reales… daba igual, eran Sigur Rós y eso bastaba, sonaban así.

Por eso, acercarse a un concierto como el suyo, tan distinto, suponía todo un descubrimiento.

Llegamos al teatro justo a la hora del concierto. No sé si las teloneras (Amina) tocaron antes que ellos. En cuanto nos sentamos en nuestras butacas, comenzó puntualmente el concierto de Sigur Rós. Y se convirtió, instantánea e indudablemente, en uno de esos espectáculos difíciles de olvidar.

La cosa empezó así: telón translúcido en el escenario. Tras él, los componentes del grupo (cuatro: guitarra/voz, bajo, teclados y batería) aparecían de forma fantasmal, multiplicados y proyectados sobre el fondo y sobre el telón, mientras su música inundaba el teatro. Salvo unos bajos demasiado vibrantes, sonido perfecto, y mucho, mucho, mucho más potente que en sus discos. Las partes tranquilas sonaban preciosas, las partes más enérgicas sonaban mil veces más agresivas. Un auténtico lujo.

Tras ese espectaular inicio, se levantó el telón, pero sólo para ir disfrutando de más y más sorpresas. Amina resultaron ser un cuarteto de cuerdas que se unieron a SIgur Rós sobre el escenario, completando así una banda de 8 músicos multi-instrumentistas, la variedad de combinaciones y sonidos que iban consiguiendo hizo que ni un sólo segundo del concierto tuviera desperdicio.

Paradójico: su sonido era tan reconfortante y tan directo como fría era su actuación. El telón del principio podría haberse quedado todo el concierto y no habría habido diferencia. Ellos, en el escenario, eran totalmente ajenos al público. Iban desgranando su repertorio, cambiaban de instrumentos, de escenografía, de sonido, pero en su mundo. Tan sólo un escueto thank you al final de su actuación hizo intuir que se habían dado cuenta de que había gente mirándolos. Final que llegó tras hora y media sorprendente. Y lo de la sorpresa lo digo porque se me pasó en un suspiro, parecía que habían pasado diez minutos, y ya estábamos casi al final del concierto: faltaban los bises.

Bises que culminaron con un tema apoteósico, de nuevo con telón de por medio, con un despliegue de sonido, de luces, de energía, de contundencia, totalmente asombroso. De lo más espectacular que he visto nunca en directo.

Fríos, muy fríos. Pero joder, qué grandes.

Seguiremos informando.

PD: Tengo un vídeo de parte de lo que fue el final de su concierto. Puede dar una idea de lo que fue aquello. Ah, ya de paso, he colgado este otro vídeo del concierto de Bloc Party

4 comentarios en “La caja de música que vino del frío

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