Y así fue como aprendí a jugar al mus a los 29 años

Escuchando: Nature Song (Maria Taylor)

Que igual no lo había dicho. Pero he pasado el fin de semana fuera. En el albergue de Corconte, en concreto. Gran lugar, llevado por gente muy maja, y en una gran época: prácticamente todo el albergue para nosotros solos. Lo de ese saloncito con chimenea, con cubitera y vasos para las copas, no tiene precio. O mejor dicho, sí lo tiene, pero no es caro y merece la pena.

Ahora lo típico sería hacer un resumen, comentar los momentos más divertidos y surrealistas, y tal. Pero sinceramente, ha sido todo el fin de semana así: sin desperdicio. Puesto a seleccionar una anécdota cuanto menos curiosa, me quedo con la de ese monasterio con ese monje tan peculiar al que le pareció buena idea enseñar a las chicas del grupo una bolsa que guardaba en un armario, llena de sujetadores. Sí, dicho así, fuera de contexto puede sonar raro. Y en contexto también, sin duda. Desde luego, un ancianete al que merece la pena conocer.

Y por lo demás: muchas risas, muchas fotos (de las cuales sólo unas han salido desenfocadas, las fotos de grupo, bravo por mí, pero que conste que me metían prisa y no me gusta la presión), alguna caminata, comilonas colesterosas, literas, un poco de lluvia, arcoiris dobles y mucho otoño. Qué bonito es el otoño.

Seguiremos informando.

3 comentarios en “Y así fue como aprendí a jugar al mus a los 29 años

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