Ventanales

Escuchando: Running to stand still (U2)

Algún día esas ventanas fueron nuevas y relucientes. Supongo. Siempre las conocí sucias, grises y opacas. La madera, estriada, mostraba un universo de constelaciones, formado de agujeros de polilla. Los cristales, ajados, amenazaban con un salto al vacío, fatal. Y aún así, tras el ventanal me sentía seguro.

Los años fueron desgastando esa sensación; las maderas se convirtieron en leños con textura de tronco de árbol; un día fue difícil ya encajar las ventanas en sus marcos. Al día siguiente, fue más difícil aún. La complicación de la tarea creció día tras noche, hasta volverse algo imposible: el viento tenía vía libre para soplar por las rendijas, por los orificios, por las heridas de lo que una vez fue seguro.

Tras el viento, vino el polvo; tras el polvo, el frío; y tras el frío, los insectos. Decenas al principio, centenares poco después, miles finalmente. Termitas de los recuerdos, devoraron cada uno de los muebles, enseres y adornos de mi habitación.

Y cuando no tuvieron nada más que roer, empezaron conmigo hasta no dejar otra cosa que una calavera reluciente. Cuando me miro en ella, me veo reflejado, pero la imagen pertenece a otra persona, ese no es mi aspecto, ese no soy yo.

He cambiado mi rostro, he cambiado mi nombre, pero me sigo sintiendo igual tan indefenso como la primera vez que cerré mis ventanas.

He luchado para volver al punto de inicio. He cambiado para seguir siendo el mismo.

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