Escenas de un recuerdo

Escuchando: Some days are better than others (U2)

Salida lluviosa. Ensayo sobre la ceguera, con ejemplos prácticos. Dos cántabros en Chamartín jugando a descubrir la ensalada restante. Compartimento internacional en el tren. Llegada, reencuentros.

Turismo metódico improvisado, una mañana muy productiva. Primera comida, más encuentros. Apretujados en un coche. Futbolines virtuales. Pasteles de Belén. Cinco tramos enormes de escaleras mecánicas para salir del metro. Mejor habría sido no bromear y callarse eso de «ya sería mala suerte que se estropeasen» porque fue lo que ocurrió nada más decirlo, por increíble que parezca. Cena, bacalao con natas, caipirinhas muy cargadas. Mahjongg con futbolín real.

Desayuno chino. Sintra. Increíble. Palacios del rey, o de Aladín, es lo mismo. Autobuses de parque de atracciones. Cocinas enormes, chimeneas descomunales. Fiesta MTV, metro gratis. Cena con carne, qué rico estaba todo, sin bacalao, pero con bakalao. Más caipirinhas, ¿300 euros en copas? Manué no te arrime a la paré…

Centro cerrado, maratón, tranvías; metro gratis. Visita al castillo, Lisboa sólo tiene españoles en sus calles. Colas enormes, nos cuelan, gracias señora. Fotos, torres, escaleras que suben, escaleras que bajan a ninguna parte y que luego hay que volver a subir. Comida africana, caboverdiana, a horas indecentes. Pero qué rica. Sobremesa ya nocturna, y aún así, cena temprana. Bacalao á Bras, lo mejor del viaje. Pabellón Chino. El sitio más espectacular que he conocido en mucho tiempo. Miles de objetos en vitrinas, una caricatura de Aznar, espectaculares coktails, brainstorming surrealista. Preciosa y preciosista: la carta de cocktails, todo un libro. Fui cómplice de que se cayera en mi mochila por descuido. No señor juez, sólo más tarde nos dimos cuenta de que pertenecía a una tirada limitada de 1000 ejemplares. Y mucho menos, su señoría, sabíamos que era el número uno de ese millar de ejemplares.

Cascais. Playas, acantilados, pescadores. Los Morancos no se inventan nada. Paseos al atardecer, espectaculares fotos. Cena con pizzas portuguesas. Con vino verde se hace sangría blanca que nos acaba sacando los colores (rojos). Acercamiento en espiral para escuchar fados, pero cerrado sin motivo. Cambio de estilo: mojito. Y cocktail de rigor en un pub de jazz.

Último día. Oriente. Expo 98. Puentes descomunales, torres, teleférico: fotos desde las alturas. Compras de queso en el super. Visita a FNAC para hacer tiempo, hicimos mucho. Compré, pero más para regalar que para mí. Aunque me volví con dos souvenirs muy portugueses. Comida bajo los azulejos. Tarde de paseos, miradores, más fotos. Saco el trípode, y me toman por periodista. Alcalde de Lisboa, inauguraciones por todo lo alto, luces, fuegos artificiales, se les va la mano. Cena, nachos. Se hace tarde. Recogida apresurada de maleta, no llego en tren a coger mi tren, corriendo al metro, se me ha olvidado el iPod, mi anfitriona corre a su rescate. Cojo por los pelos el tren a Madrid y no me puedo despedir. Llamadas de móvil desde el tren. Mi salida más apresurada de un país. Me da rabia no poder dar las gracias con calma a Cris por estos cinco días.

Desayuno en Chamartín. Nuevos Ministerios, doble asalto a un VIPS, en otro esperado reencuentro. Muchas risas, cámaras, agendas, negocios, fotos. Otra despedida, ésta más pausada. Otro reencuentro inesperado, viaje en autobús, aburrido sin música. Películas malas, películas que no me apetece ver. Gracias señor conductor por meter un concierto de Michel Camilo por el canal 4 del hilo musical. Me salvó. Regreso a Santander. Cuatrocientos mensajes de correo esperándome. Más de doscientas fotos por descargar; que espero poner en mi página en breve.

Seguiremos informando.

2 comentarios en “Escenas de un recuerdo

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