Escrito el 06-06-2004

He vuelto. A pesar de los retrasos de Air Nostrum, que han estado a punto de dejarme en tierra en Madrid, he vuelto a casa (suerte que iban con retraso TODOS sus vuelos jejejeje…)

Esta vez, para variar, no he llegado reventao del viaje. Tenia el vuelo de vuelta a las 7 (que han sido las 8), y hasta entonces he dedicado el día a vaguar y a vaguear, libro en mando, por la sección parques y jardines de Toulouse… hacía un tiempo espectacular (por lo bueno) y se estaba de vicio a la orilla del Garona

Haciendo resumen rápido del viaje:

– Laboralmente frustrante. Por falta de seriedad ajena, no he podido hacer las pruebas que pretendía. Tampoco he estado mano sobre mano y he visto cosas interesantes, pero no era eso exactamente a lo que iba…

– Mi capacidad para acabar en hoteles que están enfrente de FNAC es digna de estudio. Esta vez estaba enfrente de FNAC micro, que no es un FNAC pequeñito, es uno dedicado exclusivamente a telefonía, informática, fotografía digital… Así no hay quien ahorre, pardiez.

– De todas formas no me he comprado nada… allí. Eso sí, me he gastado una suma bastante indecente en música. En música rara. La calidad, cualidad y cantidad de discos en las tiendas francesas siempre dejan a las españolas (hablo de Madrid y Barcelona, claro, de Santander ni hablemos) un poco por debajo de la línea de flotación del betún. Si le sumamos el hecho de que tienen puntos de escucha donde vas con un cd, pasas el código de barras, y puedes catarle un poco para ver si merece la pena, pues… el resultado es que, efectivamente, así no hay quien ahorre.

– Antes hablaba de mi hotel. En fin. Lo mejor que se me ocurre decir de él es que, al contrario de lo que me temía en un principio, no vi ninguna cucaracha en estos cuatro días.

– Toulouse mola. Mucho. Cada vez me gusta más. Una ciudad joven, viva, inquieta… una ciudad que se mueve sobre ruedas, en concreto en línea: patines y bicicletas por todas partes. Claro, que está preparada para ello, con carriles para ello, lugares donde aparcar las bicis, que incluso las alquila el servicio municipal de transportes… Luego va nuestro alcalde, corta un trozo de calle apartada los domingos por la mañana para uso ciclístico, y se mola mazo a sí mismo. En fin. Mejor no comparar aquello con el geriátrico que, desgraciadamente, se esta convirtiendo Santander.

Y hablando de Santander. El sábado, encontré un banquito a la orilla del río, hacía una tarde estupenda, escogí un buen disco, abrí el libro, y….

¿Roberto?

Es lo que tiene la gente de Santander. Que está repartida por todas partes. Y que tenemos un don especial para encontrarnos. Y que siga así, que siempre hace ilusión encontrar caras conocidas…

En fin, podria contar muchas cosas, como esa crepería genial que se convirtió en mi centro de operaciones durante esta visita, o ese taxi que nunca llegaba, o el descontrol con el número de las habitaciones en el hotel, o ese taxista que se quedaba mirando a todas las mozas, o ese concierto a la orilla del río, o esa peli en la filmoteca (de allí) que descubrí demasiado tarde, o….

Pero mañana madrugo, así que lo dejaré para otra ocasión….

Seguiremos informando…

PD: Y gracias, una vez más a todos los que me leen, me visitan, me ponen comentarios, me firman en el libro… Que parecerá una tontería, pero hace ilusión….

PD #2: Y me he vuelto con una pequeña, pero interesante, colección de fotos. En cuanto tenga un rato pondré en mi web todas las que tengo pendientes. Palabrita.

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