Yo concilio

Llevo un tiempo rumiando la idea de dedicar unas líneas a ese tema tan peliagudo de conciliar. Ahora que soy padre, me doy cuenta de que el sueño no es lo más difícil de conciliar. Intentar buscar el equilibrio entre la vida familiar y la laboral siempre es muy complicado, pero si ya añadimos hijos de por medio, y se vive en este peculiar país, la tarea se vuelve bastante cuesta arriba.

Dice el diccionario que conciliar es “hacer compatibles dos o más cosas“. Trabajar y disfrutar de la familia. Aunque para hacerlas compatibles haya que renunciar, recortar, limitar. Renuncias, recortes y limitaciones que en España tienden a ser más acusados que en países más avanzados en estos temas del vivir.

En este texto voy a expresar mi opinión y mi experiencia sobre el tema. Ojo, es mi punto de vista, basado en mis circunstancias personales. Ya se sabe lo que dicen de las opiniones y los culos. Pues eso. No tiene por qué ser generalizable. De hecho nunca me he considerado la persona más normal del país, afortunadamente.

 

Teo ábaco

 

A lo que íbamos. De repente te conviertes en padre. Me voy a saltar toda la parte de “es la mejor experiencia de la vida“, “por mucho que te lo hayan contado hay que vivirlo” y demás. Voy a avanzar un poco la película a cuando las cacas, los lloros, y los “sujétale bien la cabeza” están relativamente controlados. Ese momento, unos pocos -muy pocos- meses después del nacimiento de la criatura en el que toca reincorporarse al trabajo. Situación que lo más normal es que se coma la madre, porque en este país lo habitual es que el permiso sea más de maternidad que de paternidad. Si los padres (masculino, plural) reclamásemos más tiempo en nuestros trabajos quizás poco a poco en las entrevistas se dejase de preguntar a las mujeres si van a ser madres. “No, no pienso tener nunca hijos por el miedo a que me salga un responsable de recursos humanos“.

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