Publicado el 1 de junio de 2012 a las 12:42

Hoy voy a hablar de otro juego infalible e imprescindible. Con él, además, comencé a descubrir la cantidad de juegos modernos que estaban apareciendo, aunque las jugueterías al uso siguiesen vendiendo lo de siempre. Ah, y también fue el primer juego que compré que estaba creado por un señor alemán llamado Reiner Knizia. Todo un personaje, doctor en matemáticas y diseñador de juegos profesional, que está detrás de muchos grandes éxitos actuales.
Por todo eso, y por lo divertido que es, hoy voy a hablar de los gusanitos. Prepáranse a jugar al Piko Piko.

Este juego se vende en nuestro país con el nombre de Piko Piko el gusanito. También se puede encontrar como Pickomino o Heckmeck. Se trata de un juego de dados, que viene acompañado además de unas atractivas fichas. Se vende por unos 15€ y es cada vez más frecuente que las jugueterías tradicionales lo comiencen a ofrecer.
¿De qué va? Sencillo: los jugadores se convierten en pollos que a la hora de comer tienen en la mesa una serie de apetitosas raciones de gusano fritas. Cada ración (que se corresponde con una ficha) está numerada, del 21 al 36, y tiene dibujados algunos gusanitos (cuanto mayor sea el número de la ración, mayor cantidad de gusanos).

El objetivo del juego es conseguir el mayor número de raciones posible. Gana el jugador que haya conseguido el mayor número de gusanitos (no la suma de los números de las fichas, sino la suma de gusanitos conseguidos). Y para conseguir una ración, hay que obtener su número asociado con los dados. Así de sencillo. O casi, porque tiene algunas particularidades para darle un poco más de chicha.
En primer lugar, los ocho dados tienen los valores 1, 2, 3, 4, 5… y gusanito. No hay 6, sino un dibujo de un gusano, que cuenta como cinco puntos.

Un jugador en su turno tira los dados tantas veces como quiera, apartando en cada tirada los dados de un número a elegir. No se pueden repetir valores en sucesivas tiradas, y para que el turno sea válido tenemos que conseguir al menos un gusanito. Se explica mejor con un ejemplo… imaginemos que comenzamos a jugar, y en nuestra tirada obtenemos lo siguiente:

Tenemos que quedarnos con los dados de un valor. En este caso, podríamos quedarnos con dos cincos, con un cuatro, con dos doses, o con tres unos.

Elegimos los dos cincos, porque nos aportan 10 puntos; los apartamos y volvemos a tirar con el resto de dados, obteniendo ahora estos valores:

Tenemos un gusanito, tres treses, un cuatro, y un dos. Elegimos el gusano, que nos suma 5 puntos, y además nos aseguramos de que si conseguimos sumar un número válido para coger ración (al menos 21 puntos), el turno será válido (al tener al menos un gusanito entre nuestros dados). Sumado a los dos cincos de antes, tenemos ya 15 puntos en total. Seguimos tirando con los cinco dados restantes…

Hemos obtenido dos cincos (que no podemos coger, porque el 5 ya lo habíamos usado en la primera tirada), dos cuatros, y un uno. Elegimos los cuatros, y sumamos 8 puntos más a los 15 anteriores. Tenemos pues, 23 puntos.

La ficha número 23 está sobre la mesa. Podemos cogerla y finalizar el turno, o seguir tirando para intentar obtener un valor más alto. Eso sí: si con los tres dados restantes no obtenemos ningún valor que no esté repetido (sólo nos valdrían 1, 2, 3), el turno se declararía inválido. En ese caso tendríamos que devolver la última ficha conseguida (y en la parilla se eliminaría la ficha con valor más alto). Somos sensatos, y nos quedamos con la ficha 23, sin tirar más dados.

Imaginemos que nuestro contrincante sigue el mismo proceso, y obtiene la ficha 24 en su turno.

Nos vuelve a tocar, tiramos los dados y obtenemos este resultado:

Tenemos tres gusanos muy golosos. Los apartamos, sumamos 15 puntos con ellos, y seguimos tirando los otros cinco dados…

Podemos quedarnos con tres treses (9 puntos), o dos cuatros (8 puntos). Elegimos esto último, para tener un dado más con el que jugar. Sumamos así 23 puntos. Como la ficha 23 ya la tenemos, podríamos llevarnos de la parrilla cualquier número inferior (el 21 o el 22 en este caso). Pero hay una posibilidad más divertida: intentar robar una ficha a un rival, obteniendo el valor exacto de su ficha a la vista (a medida que obtenemos fichas, se van apilando, siendo visible sólo la última). Esto es: si conseguimos exactamente 24 puntos, le podemos robar esa ficha al contrario.

Lo intentamos y…

¡Bingo! Podríamos usar el 3 para llevarnos la ficha 26, pero si nos quedamos con el 1, nos llevamos el 24 de nuestro rival. Lo hacemos, y apilamos la nueva ficha sobre nuestro 23 anterior.

El juego continúa hasta que ya no queden fichas en la parrilla (bien porque se las hayan llevado los jugadores, bien porque se hayan eliminado por turnos fallidos). En ese momento, se hace recuento de gusanitos, y se averigua quién es el ganador. Al estar apiladas las fichas de cada uno, muchas veces hay sorpresas en el recuento…
Las partidas suelen durar entre 10 y 20 minutos. La edad mínima recomendada es 8 años, y se trata de un juego que gusta mucho, tanto a niños como a mayores. Ideal para sesiones en familia (hasta 7 jugadores). Es fácil de aprender, y siempre provoca unas cuantas risas… sobre todo cuando la avaricia rompe el saco, y algún jugador pierde su turno en el último momento…

La verdad es que el juego, además, es precioso. Las fichas están muy bien diseñadas, y los dados son de madera. La caja no es muy grande, ideal para transportarla… aunque si buscamos algo más portátil, existe una versión de bolsillo realmente minúscula. Sólo he encontrado su versión en alemán, pero conociendo las reglas no presenta mayor problema… El juego viene guardado en una pequeña lata metálica tamaño pastillero:


Los componentes del juego son los mismos que en el original, sólo que las fichas están hechas de una fina lámina de plástico.

Y sí, esta versión de bolsillo es muy, muy pequeña… para llevar siempre encima sin darnos cuenta.

En nuestra ludoteca tenemos la versión normal, y la de bolsillo. Existen algunas versiones más. Por ejemplo, una versión para niños (a partir de 5 años) donde las fichas sólo tienen cifras de un dígito, y los dados tienen únicamente símbolos (dibujos de comida). También podemos encontrar una versión Barbacoa, con tablero de juego.
Y para cambiar de menú, existe una "segunda parte" en la que los gusanos se cambian por sushi y raspas de pescado. Pero ese es otro juego, también está en nuestra ludoteca, y de él hablaremos otro día
Seguiremos jugando…
Enlaces:
Página web de Piko Piko en Mercurio, su distribuidor español
Piko Piko en BoardGameGeek
Piko Piko Junior en BoardGameGeek
Piko Piko Barbacoa en BoardGameGeek
Reiner Knizia en la Wikipedia
Publicado el 3 de marzo de 2012 a las 17:28

Gracias a la plataforma de cine en línea Filmin (muy recomendable, sobre todo para gente que busque algo más que taquillazos comerciales) he descubierto una película búlgara que bien se merece unas breves líneas en este blog.
La cinta tiene un título llamativo: El mundo es grande y la felicidad está a la vuelta de la esquina. Se trata de un viaje por la memoria y por Europa, con el juego del backgammon como uno de sus protagonistas. Su sinopsis dice así:

En definitiva, una película sencilla, preciosa y entrañable con un aliciente especial para los aficionados al juego del backgammon. Recomendable.
Seguiremos jugando, aunque no tan bien como Bai Dan...
Enlaces:
"El mundo es grande y la felicidad está a la vuelta de la esquina", en Filmin
"El mundo es grande y la felicidad está a la vuelta de la esquina" en IMDB
Mi reseña del Backgammon
Publicado el 27 de enero de 2012 a las 13:01
La noticia lleva varios días saliendo en todos los medios: vuelve Parchís, el mítico grupo musical de nuestra infancia -con nombre de juego-, con nuevas caras y las canciones de siempre. No puedo ser objetivo con este regreso, porque la idea de esta aventura ha partido de un buen amigo, y unos cuantos cántabros más están muy implicados ella. Por eso puedo asegurar que el principal motivo para poner todo esto en marcha ha sido acercar a hijos, sobrinos y demás niños la música que cantábamos nosotros cuando poníamos aquellos vinilos de colores.
Toda la información de la nueva formación de Parchís está en su página, el espectáculo se presentará a principios de marzo en Santander, y parte de lo recaudado irá a parar a fines benéficos. Una razón más, por tanto, para difundir la noticia. Y ahora, sin más, podéis reproducir el vídeo que encabeza estas líneas, la primera canción que se ha publicado con la nueva formación. Hacía mucho que no la escuchaba, pero sigue siendo igual de pegadiza. Igual que las que están en camino...
Seguiremos jugando. Y cantando.
Enlaces:
Reseña del juego Parchís
Somos Parchís
Publicado el 23 de enero de 2012 a las 23:36

Los protagonistas de la fantástica serie The Big Bang Theory son muy aficionados a los juegos de mesa y a los videojuegos: en muchos de sus capítulos aparecen jugando a unos u otros. En uno de los últimos episodios han unido las dos modalidades y les hemos visto jugando a una Jenga con temática de Donkey Kong, el clásico videojuego de Nintendo.
No conocía esta versión del juego de construir torres, así que he investigado un poco sobre ella, y sobre las fichas especiales con personajes que incluye. Se puede jugar como una Jenga clásica (con los bloques de madera decorados como vigas), o bien utilizar las fichas de plástico incluidas: 4 piezas de Mario, un Donkey Kong y una princesa Pauline. Los muñecos de Mario se encajan en unos agujeros que tienen las fichas de madera en sus extremos, y al comienzo del juego se colocan en el primer nivel. Las fichas de Donkey Kong y de la princesa se colocan sobre la torre. Con una ruleta, cada jugador obtiene en su turno el número de agujeros que debe mover su Mario, y el número de piezas de madera que debe extraer y colocar sobre la torre, recolocando también a Donkey Kong y a Pauline al terminar.
Gana el jugador que consiga llevar a su Mario hasta lo alto de la torre y rescatar así a la princesa, o bien el jugador con su Mario más adelantado si se cae la torre antes.
Por lo que leo, una divertida adaptación con algunos problemas: la gente se queja de que las fichas de plástico de Mario no encajan del todo bien en los agujeros de las maderas. Con todo, ideal para fanáticos de los juegos de mesa y de los videojuegos retro, como Sheldon, Leonard, Howard y Raj.
Seguiremos jugando.
Enlaces:
Reseña de Jenga en este blog
Donkey Kong en la Wikipedia
The Big Bang Theory en la Wikipedia
Jenga Edición Coleccionista Donkey Kong en BoardGameGeek
Publicado el 23 de diciembre de 2011 a las 12:18

Hasta ahora he hablado por aquí de juegos muy tradicionales. Pero no son los únicos que tenemos en nuestra ludoteca. De unos años para acá, el mundo de los juegos de mesa se ha revolucionado bastante, si se sabe buscar un poco: la mayoría de las jugueterías al uso no pasan del Trivial, Monopoly, Operación, Tragabolas y cosas así. Pero hay juegos nuevos, para niños y mayores, tantos que nos costará decidir cuál comprar.
Hoy quiero hablar de un juego ideal para fiestas, muy recomendable en estas fechas. Es tan divertido que todo el mundo que conocemos que lo ha probado… se lo ha comprado… o está deseando quedar para jugar con el nuestro. El juego se llama Time's Up y trata de adivinar personajes que vienen escritos en unas tarjetas. Sencillo, ¿no? Pues sí, pero con mucha miga.
Time's Up se puede comprar en España en dos ediciones, una amarilla y otra azul. Son idénticas, salvo en el color de las tarjetas y del embalaje. Se puede jugar con cualquiera de ellas de manera independiente, lo único que aportan son más personajes.
La caja del juego tiene poquitas cosas: una bolsa de tela para transportarlo, 218 cartas cada una de ellas con el nombre de dos personajes (se puede jugar con los nombres azules o con los amarillos), un reloj de arena, una libreta para las puntuaciones y las instrucciones del juego. Pueden participar de 4 a 12 jugadores (imaginaos el jolgorio), y se recomienda para edades superiores a 12 años (básicamente porque los más pequeños no conocerán a los personajes). Las partidas suelen durar unos 45 minutos.

Vale, pero… ¿por qué es tan divertido? Pues básicamente porque si le dices a tus padres que se pongan a hacer mímica, seguramente te digan que les dejes en paz, que esos juegos a ellos no les van. Y sin embargo, si comienzan a jugar, acabarán haciendo gestos como el que más, intentando arañar puntos. Es un juego que te va metiendo poco a poco a lo largo de tres fases distintas, y cuando se llega al final ya se han perdido todas las vergüenzas por el camino.
¿Cómo lo consigue? Con una mecánica fantástica, muy gradual. Los jugadores se dividen en equipos. Todos juegan con el mismo mazo de cartas, elegidas al azar. Es decir, todos los equipos tienen que adivinar los mismos personajes durante toda la partida, tres veces, una por cada fase.
En la primera fase, se puede hablar. Hay que explicar al resto de compañeros de nuestro equipo quién es el personaje de la tarjeta que tenemos delante, contándoles cualquier cosa salvo el nombre escrito. Si acierta, podemos pasar a la siguiente tarjeta. Si no, tenemos que seguir intentándolo. Cuando termina el tiempo (30 segundos frenéticos) nos quedamos con las tarjetas acertadas, y pasamos el resto del mazo al siguiente equipo. Cuando vuelva a ser el turno de nuestro equipo, otro compañero nos intentará hacer adivinar algún personaje (que tal vez ya hayamos visto antes cuando teníamos las tarjetas). El juego sigue hasta que se adivinan los nombres de todas las tarjetas. En ese momento, se hace recuento de las que ha adivinado cada equipo, y se termina la primera fase.

Hasta aquí, divertido, sin más. Pero empieza lo bueno. En la segunda fase se juega con las mismas tarjetas: los personajes son los mismos. Además, si nuestros compañeros no aciertan, o preferimos intentarlo con otra tarjeta, podemos pasar. Más sencilllo, salvo por un pequeño detalle: esta vez sólo podemos pronunciar una palabra. Hay que buscar la palabra adecuada para que nuestro equipo averigüe de cuál de los personajes estamos hablando.
Esto ya suele provocar muchas risas. Cuando se termina esta fase ya está todo el mundo con ganas de seguir jugando. Y entonces es cuando llega la tercera fase. Nuevamente, con los mismos personajes, que ya empiezan a ser de la familia. Pero esta vez, sí que sí, ni una palabra: hay que hacer adivinar el nombre de la tarjeta con mímica.
La combinación de estas tres fases da lugar siempre a: agujetas de tanto reírse, conexiones mentales inverosímiles, y actuaciones brillantes. Imaginad que una de las tarjetas tiene el nombre de Arturo Pérez Reverte, por ejemplo. En la primera fase podemos decir algo así como "Es el autor de los libros de Alatriste". Seguro que así alguien lo adivina. En la segunda fase, sólo podemos utilizar una palabra. Lo primero que se nos suele venir a la mente es "escritor". Pero suele haber más de un escritor, más de un actor, etc.. en cada mazo de cartas, así que podemos hacer que nuestro equipo se equivoque. Sin embargo, si decimos "Alatriste" seguro que todos saben de quién hablamos.

Cuando llega el momento de hacer mímica, es fácil que acabemos haciendo de espadachines en medio de la habitación, intentando que nuestro equipo se acuerde del Capitán Alatriste.
En resumen: un juego ideal para todo tipo de reuniones multitudinarias, aunque haya gente tímida a la que no le vayan mucho este tipo de juegos (en principio). En serio, infalible. Tenedlo en cuenta para posibles reuniones navideñas… y para el resto del año. ¿Merece la pena pagar los 20€ que vale el juego por un mazo de cartas y poco más? Sí, sin duda. Los nombres están muy bien seleccionados para que las partidas tengan mucha enjundia, y con par de veces que se juegue, la diversión habrá compensando la inversión.
Por cierto, el autor del juego se llama Peter Sarret. Aunque en España sólo se han editado las ediciones Amarilla y Azul, fuera de nuestras fronteras existent más variantes: una edición Púrpura que añade una cuarta fase (la pose), una edición Familiar (con objetos en lugar de personajes), dos expansiones, versiones especiales conmemorativas, una edición Academy (con personajes de series antiguas de TV y películas)… Vamos, toda una franquicia. Una pena que las tarjetas suelen estar muy personalizadas para cada país, y no tiene mucho sentido jugar con una edición extranjera. Esperemos que pronto veamos por aquí alguna de estas nuevas variantes.
Pues nada, ahí queda eso: si alguien tiene que hacer un regalo, o va a asistir a alguna reunión o fiesta y quiere asegurar la diversión, Time's Up es una opción a tener muy en cuenta. En serio.
Seguiremos jugando. Ah, y felices fiestas.
Enlaces:
Página de Time's Up en Asmodee
Time's Up en BoardGameGeek
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Contenido, fotografías, diseño y programación
por Roberto Ortiz, 2009-2011